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Los aspectos geopolíticos de la crisis en Nepal

Alberto Cruz
El proceso de reformas impulsado por los maoístas en Nepal se ha visto frenado de golpe. Tras nueve meses de encabezar un gobierno de coalición, en el que como principales éxitos -por no decir los únicos, y estos aspectos se abordarán en un artículo posterior- hay que mencionar la abolición de la monarquía, la proclamación de la República Democrática Popular Federal y las reformas en el sector fiscal (con un incremento de la recaudación del 35’4%) el primer ministro ha dimitido en protesta por la decisión del presidente de reponer en su cargo al jefe del Ejército, previamente destituido por el gobierno ante las reiteradas muestras de desobediencia y, en especial, por su oposición a cumplir uno de los aspectos claves del acuerdo de paz firmado en 2006 y recogido en la constitución provisional que rige en estos momentos: la incorporación de los combatientes maoístas al Ejército.
El plazo inicial impuesto por el gobierno presidido por los maoístas, que dicha incorporación se haría en seis meses, ha sido sobrepasado con creces y no hay visos de que se logre. Si ello no fuese así, los maoístas habrían perdido en el ámbito político lo logrado en el campo de batalla durante los 10 años de guerra popular prolongada que mantuvieron. La pretensión maoísta, avalada por los diferentes acuerdos firmados y que se han convertido en papel mojado una vez que los combatientes del Ejército Popular de Liberación quedaron acantonados en 7 grandes campamentos y en otros 21 más pequeños y sus armas guardadas en contenedores bajo control de la ONU, era que uno de sus comandantes fuese nombrado General de División del nuevo Ejército y varios otros brigadieres. El grueso de combatientes debería incorporarse en pleno para que así se eliminase de raíz la posibilidad de un golpe reaccionario, se subordinasen los militares al poder civil y se convirtiese ese nuevo Ejército en una herramienta más del cambio social. Otros podrían quedar incorporados en las fuerzas de policía y en las de fronteras.
Eso era lo que el Partido Comunista de Nepal (maoísta) decía en agosto de 2008, cuando después de cuatro meses logró formar gobierno pese a haber perdido la presidencia del país, en manos de un reaccionario del Congreso Nepalí, el partido tradicional de los caciques y terratenientes y aliado natural de India. Poco tiempo más tarde, en noviembre de 2008, el PCN (m) celebró un Consejo Nacional en el que llegó a la conclusión de que estaban en el gobierno, pero no tenían el control del Estado y consideraban que los principales obstáculos eran el Ejército y los países que tradicionalmente han tenido influencia en los asuntos internos de Nepal, como India, EEUU y Gran Bretaña.
Esto mismo es lo que acaba de manifestar el ex primer ministro, Pushpa Kamal Dahal, conocido como "Prachanda", al manifestar que el Partido Comunista Unificado de Nepal (maoísta) -nuevo nombre tras el proceso de unificación con el Partido Comunista de Nepal (Centro de Unidad) realizado en enero de este año- es el único que no sirve a los intereses imperialistas: "El jefe del Ejército está ridiculizando la supremacía civil y los partidos que le apoyan son antinacionalistas, antidemocráticos y agentes de fuerzas reaccionarias extranjeras" (1). Frente a ello, el PCUN (m) va a poner en marcha un movimiento que "recupere la supremacía del pueblo".
No lo tiene fácil, como no lo ha tenido en los nueve meses que ha estado en el gobierno. Aunque las movilizaciones maoístas se están produciendo a diario con la finalidad de que el presidente de Nepal dé marcha atrás y acepte el despido del jefe del Ejército, el llamamiento a la calle no tiene otra pretensión que servir de presión para una nueva negociación con las formaciones que hasta ahora estaban incluidas en el gobierno de coalición, los socialdemócratas de la Unificación Marxista Leninista (a pesar de tener este nombre) y los derechistas del Foro de los Derechos del Pueblo Madhesi. Y estas formaciones no tienen ningún interés en un cambio político que trastoque la correlación de fuerzas y haga perder a las clases reaccionarias de Nepal el poder que detentan, para lo que saben tienen el respaldo de dos importantes potencias imperialistas: India y Estados Unidos.
Estas dos potencias son las que están desestabilizando el proceso nepalí desde el mismo momento del acuerdo de paz en 2006 -las movilizaciones de masas fueron suspendidas por la presión de India (2)-, se acentuaron con la formación del gobierno interino (3) y comenzaron a ser descaradas cuando el ex primer ministro realizó un hecho que trascendió el simbolismo: su primera visita como jefe del gabinete no fue a India, como todos sus predecesores habían hecho en un símbolo de vasallaje, sino a China. Ya lo había manifestado en su toma de posesión "Prachanda" al afirmar que iba a hacer de Nepal "el eje del comercio entre China e India", pero lo que no era más que una expresión retórica pasó a convertirse en realidad con ese viaje.
La injerencia India
El gobierno de Nueva Delhi consideró el hecho como una auténtica afrenta. El objetivo del imperialismo indio era, y es, eliminar o moderar a los maoístas nepalíes hasta convertirles en una "izquierda democrática" al estilo de los partidos comunistas que gobiernan en los estados indios de Bengala Occidental o en Kerala, es decir, hacerles funcionales para el sistema capitalista y servir al mismo tiempo a los intereses imperialistas indios en múltiples cuestiones como, por ejemplo, posponer la renovación de acuerdos económicos y tratados como el de Mahakali (de 1950) en virtud del cual India se beneficia casi exclusivamente de las aguas de esa zona de gran importancia en el Himalaya y que los maoístas querían renegociar al calificarlo de "obsoleto y desigual". India tiene un interés estratégico en asegurar la estabilidad de las fuentes de agua del Himalaya, donde se sitúan algunos de los ríos más vitales de esa parte del mundo. Además, planeaba lograr impresionantes contratos de generación y explotación de hidroelectricidad que ahora se veían amenazados con el giro dado por el nuevo gobierno hacia China.
India venía observando con un creciente nerviosismo estos movimientos, así como los rápidos avances comerciales entre Nepal y China que se habían venido realizando en estos meses de gobierno maoísta y que se plasmaron en la firma de un acuerdo para construir un servicio de ferrocarril entre Lhasa (la capital de Tíbet) y Nepal. Eso rompería el monopolio comercial que tiene India en estos momentos sobre Nepal.
Sin fronteras marítimas, Nepal depende de India para el comercio y los suministros esenciales de alimentos y combustible, entre otras cuestiones; muchos hindúes nepalíes trabajan en India y las dos naciones comparten cultura hindú. Nada más y nada menos que un tercio de la población nepalí (9 millones de un total de 27) son de origen indio y, en su mayoría, de religión hindú. De hecho, el depuesto rey Gyanendra es considerado por una parte importante de la población nepalí como la encarnación del dios hinduista Vishnú. Su fuerza es aún notoria no sólo entre los reaccionarios, sino entre los campesinos de Terai, región India quiere convertir en una zona-tampón para evitar puedan refugiarse en el país del Himalaya los maoístas indios que actúan en dos de los estados fronterizos con Nepal como Bihar y Uttar Pradesh.
No es extraño, por lo tanto, que desde el inicio del gobierno maoísta la injerencia india se haya propuesto poner palos en la rueda de esta experiencia reformista, que no revolucionaria. Para ello ha jugado la baza de su valor más seguro: el Ejército de Nepal. Desacreditados como estaban el resto de partidos, debilitados tras el triunfo maoísta en las elecciones -el PCUN (m) consiguió el 40% de los escaños-, el margen de maniobra no era grande aunque han hecho lo que han podido, como el hacerse con el control de la presidencia del país y de la vicepresidencia, retrasar la elaboración de una nueva Constitución y oponerse a la incorporación de los combatientes del EPL al Ejército.
Las visitas de los generales nepalíes a India han sido frecuentes y el paso de desobediencia dado por su jefe no hubiese sido posible sin contar con el respaldo indio. Pese a que el gobierno de Nueva Delhi niega cualquier tipo de intromisión en la crisis que vive Nepal, sus propios medios de comunicación se han hecho eco de estas visitas así como de la más reciente, la llevada a cabo por el ex rey el día 5 de mayo y sus contactos con dirigentes indios (4) y que tuvieron lugar dos días después de que el primer ministro maoísta destituyese al jefe del Ejército y un día antes de que el presidente desautorizase esa orden y restituyese al militar depuesto. En el ínterin, el embajador de India en Nepal, Rakesh Sood, se había reunido en varias ocasiones con el ex primer ministro maoísta para intentar que no tomase esa decisión y cuando se tomó Nueva Delhi le llamó "para consultas urgentes". Al mismo tiempo, y como forma clara de presión, el gobierno indio canceló un encuentro bilateral con el ministro nepalí de Recursos Hídricos.
India no quiere que bajo ningún concepto los maoístas se incorporen al Ejército de Nepal porque sentaría un precedente peligroso para sí mismo. Los maoístas indios se extienden como una mancha de aceite y cuentan con un poderoso Ejército Popular de Liberación que actúa en 14 de los 28 estados de India y que se está revelando como la principal amenaza contra el sistema capitalista indio (5). Además, Nueva Delhi no quiere un nuevo frente en sus fronteras como los que ya tiene con Pakistán y Sri Lanka.
EEUU y su lista de terroristas
El hecho de que el PCUN (m) haya sido votado por más de la tercera parte de los nepalíes en las elecciones y cuente con el 40% de los escaños en el parlamento no impresiona a los EEUU. Durante los 10 años de guerra popular los maoístas eran, simplemente, terroristas. En los tres años de proceso de paz también. Y durante el tiempo que han estado en el gobierno, lo mismo. En la última lista de malos malísimos del mundo para EEUU aparece el PCUN (m) catalogado como "terrorista". El tan alabado nuevo presidente estadounidense no se deja influir por la realidad. Ellos no están equivocados y los nepalíes sí, y hay que hacérselo ver. Por eso su embajadora en Nepal, Nancy J. Powell, mantiene contactos "permanentes" con las fuerzas "democráticas" y se ha opuesto con vehemencia al intento maoísta de subordinar el Ejército al poder civil.
La importancia estratégica de Nepal para los EEUU debido a su posición geopolítica entre dos colosos como India y China se pone de manifiesto con el hecho de que tienen una embajada "de mediano tamaño", es decir, similar a la existente en el Estado español o en Italia, por poner un ejemplo, cuando el potencial político y económico de los dos países es totalmente diferente del nepalí. Los EEUU han hecho lo posible y lo imposible por mantener la monarquía y, al no conseguirlo, han presionado con fuerza a sus aliados reaccionarios para romper con los maoístas, han visitado los cuarteles y amenazado en reiteradas ocasiones con suspender la ayuda a Nepal si los maoístas radicalizaban su política.
La penetración de China
India teme un "encierro lento" en la zona por parte de China, que está utilizando su influencia económica para ganar influencia en toda la región, desde la construcción de un puerto en Sri Lanka a la venta de armas a Pakistán o al citado ferrocarril que unirá Nepal con el Tíbet. En los nueve meses que ha durado el gobierno maoísta una docena de delegaciones chinas, entre ellas dos militares, han visitado el país.
El comercio entre Nepal y China es más débil que el que tiene lugar con India, pero el creciente nivel de compromiso con Pekín puede convertir a Nepal en un socio estratégico. El interés chino en Nepal tiene, principalmente, un elemento geopolítico de relieve: el país está situado en una posición geográfica inmejorable en el sur de Asia y es un pasaje natural que une China con el Asia meridional. Consolidar su presencia en ese país es esencial como instrumento de fortalecimiento de la presencia china en esa zona rebasando así a India. China en estos momentos tiene una presencia estratégica en el sur de Asia (Pakistán, Sri Lanka y Bangladesh) y Nepal sería la pieza que le falta para redondear una sólida esfera de influencia.
Hay, demás, otro dato importante: el control de la frontera con el Himalaya tibetano, habitualmente utilizada por quienes defienden la independencia del Tíbet para pasar a India. El PCUN (m) ha manifestado en reiteradas ocasiones que no sólo mantendría una línea de neutralidad entre India y China, sino que haría lo posible por garantizar la estabilidad en el Tíbet.
Los errores maoístas
Con todo, no hay que tener temor a hacer una crítica a los maoístas, inmersos en una dura batalla interna desde que en 2005, en plena guerra, se manifestasen dos tendencias dentro de la organización: la de quienes entendían que para lograr el establecimiento de la "Nueva Democracia", el socialismo y el comunismo había que pasar, inevitablemente, por una fase de transición burguesa y la de quienes entendían que aún siendo esta una táctica correcta había que aprovechar la fase burguesa para realizar una amplia reorganización del poder estatal para resolver los problemas de clase, nacionalidad y de castas.
Esa batalla se cerró sin escisiones y con el compromiso de trabajar en esa línea pero, a raíz de las movilizaciones populares un año más tarde que lograron el restablecimiento del Parlamento y la derrota de la monarquía feudal, se puso el acento en el proceso de paz y se teorizó que los objetivos seguían siendo los mismos pero desarrollados de forma pacífica. Los maoístas hicieron concesión tras concesión, como disolver la mayoría de sus gobiernos locales que funcionaron durante la etapa guerrillera, así como las cortes de justicia del pueblo. Las cooperativas, comunas e instituciones de salud y educativas o bien desaparecieron, en algunos casos, o pasaron a ser más débiles que en el pasado guerrillero. Y en una última decisión, clave para alcanzar el acuerdo que les permitió encabezar el gobierno, disolvieron la estructura militar en la que se encuadraban sus juventudes.
Un sector importante del partido consideró que eran demasiadas concesiones en muy corto espacio de tiempo mientras que las fuerzas reaccionarias no habían aceptado la integración de los combatientes maoístas en el Ejército, habían saboteado la reforma agraria revolucionaria y se negaban a aceptar el derecho a la autodeterminación. Este sector consideró que la dirección, representada por el ex primer ministro "Prachanda", habían caído en un "negociacionismo excesivo" y que había que revertir la situación.
En el Consejo Nacional de noviembre de 2008 ese descontento se plasmó en dos líneas: la de "Prachanda" y la de Mohan Vaidya, "Kiran", un alto responsable del EPL. El debate se centró en la alianza que los maoístas mantenían con formaciones políticas que representan al viejo estado, a la monarquía y a los terratenientes (en referencia a los coaligados PCN-UML y maderistas), así como en la necesidad de acelerar un proceso que, en palabras de los críticos, estaba dejando la revolución "incompleta" porque, en caso contrario, los maoístas estarían en el camino de convertirse en cualquier otro de los desacreditados partidos parlamentarios. Al mismo tiempo, había mucha frustración con la selección de candidatos para cargos institucionales, con acusaciones concretas de nepotismo y favoritismo.
Aunque formalmente el debate se cerró con un compromiso de ambas partes, la línea contestaria resultó ganadora. Esta línea, conocida como "Línea Kiran", está respaldada por los combatientes maoístas del EPL que ven cómo se degrada cada vez más su nivel de vida en los campamentos bajo control de la ONU. Los retrasos en el pago de salarios han sido frecuentes, la situación sanitaria es deplorable, la electricidad escasea y están apareciendo enfermedades debido a las miserables situaciones higiénico-sanitarias existentes en los campos donde están acantonados. El retrato que hacía un periódico nada partidario de los maoístas es suficientemente esclarecedor: "La paciencia de los combatientes, que lucharon durante 10 años contra el ‘feudalismo’, se está agotando ya que se ven privados de los sueldos y otras facilidades en los últimos dos años. La quinta División del EPL, situada en Dahawan (distrito de Rolpa), es uno de los acantonamientos de zonas remotas. Aquí la temperatura cae por debajo de los cero grados centígrados. No hay suficientes habitaciones para todos, algunos viven el pequeñas casas fuera del acuartelamiento mientras que otros se ven obligados a permanecer en tiendas de campaña, incluso tiritando de frío. (...) En esta división hay 2.440 combatientes de los 19.602 certificados por la Misión de Naciones Unidas para Nepal. (...) Los combatientes del EPL se ven obligados a vivir en una condición miserable debido a la falta de servicios básicos a pesar de ser los maoístas quienes dirigen el gobierno del país" (6).
El gobierno maoísta no podía aguantar más la constante dilatación del proceso de incorporación de sus combatientes al Ejército. Ante las constantes violaciones del acuerdo de paz por éste, como la contratación de cerca de 3.000 nuevos soldados, y la reiterada negativa a admitir a los miembros del EPL bajo el argumento de que están "adoctrinados políticamente", el gobierno cesó al jefe del Ejército, repuesto a los pocos días por el presidente en un acto, nuevamente, inconstitucional. La falta de avances en este aspecto es la clave de todo el proceso. Pero de eso se hablará en otro artículo.
Notas:
(1) New Republic, 10 de mayo de 2009.
(2) Alberto Cruz, "La presión de India pone fin a las protestas antimonárquicas" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=30690
(3) Alberto Cruz, "La nueva etapa de Nepal ¿reforma o revolución?" http://www.nodo50.org/ceprid/territorios/asia/asia2.htm
(4) The Hindustan Times, 5 de mayo de 2009.
(5) Alberto Cruz, "La izquierda en India, la revolución naxalita" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article278
(6) The Himalayan Times, 6 de enero de 2009.
Los maoístas inician la reforma en Nepal

Alberto Cruz
El Partido Comunista de Nepal (maoísta) ya está dirigiendo el gobierno del país del Himalaya. No ha sido un camino fácil. Desarrolló una guerra popular revolucionaria durante más de 10 años que le permitió controlar el 80% del territorio, a excepción del valle de Katmandú, y basado en ese hecho incuestionable, así como el haber infringido sonoras derrotas militares al Ejército, aceptó firmar un acuerdo político con una Alianza de Siete Partidos que permitió la realización de una serie de movilizaciones populares que supusieron la derrota de la monarquía feudal que había gobernado el país durante 240 años.
A esa derrota la siguió un gobierno provisional que elaboró una constitución, también provisional, y, posteriormente, la celebración de unas elecciones que se tuvieron que retrasar en dos ocasiones ante el incumplimiento reiterado de la Alianza de Siete Partidos a cumplir aspectos del acuerdo de 22 puntos alcanzado con los maoístas. En esas elecciones, el PCN (m) resultó ser el partido más votado con el 30% del total de los votos. Los partidos reaccionarios y "moderados" sufrieron una aplastante derrota sólo maquillada por la adopción del sistema proporcional, lo que les garantizó un número suficiente de escaños como para obligar al PCN (m) a pactar e, incluso, hicieron todo lo posible e imposible por maniobrar para apartarles del nuevo gobierno.
Esta situación, que ha durado cuatro meses, ha permitido que el presidente de la nueva república de Nepal -la monarquía ha sido abolida como primera medida tras las elecciones- sea un derechista del Congreso Nepalí y que el vicepresidente sea un representante del Foro de los Derechos del Pueblo Madhesi (FDPM) -que hizo el juramento de toma de posesión en hindi, no en nepalí, tal y como está recogido en la Constitución Provisional-, una organización de corte hinduista que plantea una amplia autonomía para la zona más rica del país, políticamente promonárquica y partidaria de mantener los actuales vínculos con India. No contentos con arrebatar los principales puestos del Estado a los maoístas, los partidos reaccionarios y sus aliados socialdemócratas del Partido Comunista de Nepal-Unificación Marxista Leninista (PCN-UML) reformaron la constitución provisional para que el primer ministro pueda ser removido por mayoría simple de la Asamblea y no por los dos tercios, como se había decidido antes del triunfo electoral maoísta, en una clara demostración de cómo afrontan la voluntad popular cuando les es desfavorable y, al mismo tiempo, de los problemas a que se iba a enfrentar el PCN (m) si conseguía presidir el gobierno, como así ha sido finalmente.
Las alianzas en Nepal son muy frágiles y el lema podría ser "todo por el poder". Los aliados de ayer son enemigos de hoy y los enemigos de hoy volverán a ser aliados mañana. Tras ser derrotado en la elección para los cargos de presidente y vicepresidente, el PCN (m) decidió no encabezar el gobierno, pese a su incontestable triunfo electoral, y mantenerse en la oposición. Dos semanas más tarde cambió de postura y accedió a asumir el cargo de primer ministro y formar el gobierno tras alcanzar un pacto con los socialdemócratas del PCN-UML -el nombre de esta organización no debe engañar, renunciaron hace muchos años al marxismo-leninismo, incluso a cualquier atisbo de marxismo, colaboraron con la monarquía en su etapa más dura, llegando a presidir el gobierno durante nueve meses, apoyaron de forma incondicional las acciones del Ejército contra la guerrilla maoísta y mantienen una postura absolutamente conservadora en temas cruciales como la reforma agraria; su fuerza radica, casi exclusivamente, en la clase media urbana-, con el FDPM (que reconoce que la apuesta maoísta por la autodeterminación les interesa) y otros partidos pequeños con quienes desde siempre ha mantenido una estrecha alianza. Según el acuerdo, el PCN (m) contará con nueve ministerios, el PCN-UML con seis, el FDPM con cuatro y otras formaciones menores como el Partido Comunista de Nepal-Unidos, el Janamorcha Nepal y el Sadbhawana con uno cada uno.
Por lo tanto, si se permite al PCN (m) dirigir el gobierno sin contratiempos al menos dos años, que es la duración que debe tener mientras se elabora la constitución definitiva y se vuelve a ir a las urnas, lo que se va a poner en marcha en Nepal no es más que una reforma, nunca una revolución puesto que carteras importantes como la de Asuntos Exteriores o la de Agricultura y Cooperativas quedan en manos de los madhadesistas mientras que los socialdemócratas consiguen las de Interior e Industria. Como platos fuertes de los maoístas están los ministerios de Defensa, Finanzas y Trabajo.
La formación del nuevo Ejército
¿Qué ha pasado para este drástico cambio en la postura de los maoístas? Básicamente, el miedo a que no se cumpliese uno de los principales objetivos del PCN (m): la formación de un nuevo Ejército con la incorporación al mismo de la mayor parte de la estructura del Ejército Popular de Liberación, su brazo armado durante la guerra revolucionaria. Desde que en noviembre de 2006 se alcanzase un acuerdo con la alianza denominada de los Siete Partidos, la integración del EPL en el Ejército nepalí se ha venido retrasando una y otra vez hasta convertir a los ex guerrilleros, acantonados en campamentos bajo control de la ONU, en poco menos que mendigos. Los retrasos en el pago de salarios han sido frecuentes (en la actualidad llevan cuatro meses sin cobrar), la situación sanitaria en los campamentos es deplorable, la electricidad escasea y están apareciendo enfermedades debido a las deplorables situaciones higiénico-sanitarias existentes en los campos donde están acantonados. Lo que se busca con este tipo de actuaciones, por parte de la reacción y de sus aliados socialdemócratas, es la renuncia voluntaria de los ex guerrilleros a integrarse en el nuevo Ejército, a que abandonen los campamentos en busca de una solución para su vida. Según la ONU, 19.602 ex guerrilleros aún permanecen acantonados en siete campamentos (otros 12.000 les han abandonado para realizar actividades políticas) y este sería el contingente que se incorporaría al nuevo Ejército nepalí.
El Congreso Nepalí, el partido tradicional de caciques, terratenientes y reaccionarios que ha gobernado Nepal desde tiempos inmemoriales aceptó en un primer momento la incorporación de los ex guerrilleros, tal y como se recogía en los acuerdos de noviembre de 2006, pero tras el triunfo electoral maoísta matizó diciendo que sólo se haría "de uno en uno y tras la realización de pruebas físicas y escritas, como cualquier otro candidato a soldado". Esta es, hasta el momento, también la postura oficial de los generales del Ejército. Además, el CN ha hecho todo lo posible e imposible porque la cartera de Defensa no quedase en manos maoístas y propuso que fuesen los socialdemócratas del PCN-UML quienes la asumieran, propuesta que no fue mal acogida por estos sostenedores de la tesis de la viabilidad (la alianza con la derecha y sectores neoliberales como la única posible en un mundo globalizado) y que son considerados, cómo no, "la izquierda correcta", aquella que no tienen ningún afán revolucionario y sólo se interesa por hacer más funcional el sistema, al estilo del Chile de Bachelet o el Brasil de Lula.
El PCN (m) había venido insistiendo en que sólo un Ministerio de Defensa controlado por ellos podría poner en marcha el proceso de formación del nuevo Ejército y consideraba este hecho no sólo como irrenunciable, sino como causa de guerra. Los ánimos en los campamentos están muy calientes y sólo la solución de este caso puede evitar el recrudecimiento del conflicto. Eso lo sabe todo el mundo, y esa es la razón por la que se han producido esos sorprendentes y variables cambios de alianzas y la razón principal del por qué el PCN (m) ha dado marcha atrás y ha aceptado dirigir el gobierno.
El reto que tiene por delante no es pequeño. El primer ministro ha dado un plazo de seis meses para que dicha integración esté terminada y eso ha apaciguado un poco los ánimos en los campamentos. Pero la desconfianza de los maoístas hacia el Ejército es grande, puesto que no ha podido lograr el castigo o el retiro de los generales más implicados en la represión monárquica ni en las matanzas durante la guerra popular revolucionaria. Además, el Ejército se ha opuesto sistemáticamente a discutir siquiera cualquier reforma estructural durante estos dos años y sólo ahora, ante la evidencia, se aviene a algún tipo de trato. En teoría, el Ejército se mantiene quieto y sin interferir en el proceso político, pero en la práctica sigue siendo autónomo, más allá de cualquier control democrático. De hecho, una de las instancias creadas tras la firma del acuerdo de paz, el Consejo de Seguridad Nacional, sólo existe sobre el papel y se ha reunido una sola vez en dos años y aún está por reunirse tras las elecciones de abril. Tanto Estados Unidos como India ven en el actual Ejército nepalí un apoyo firme para evitar que los maoístas se hagan con el control del país (1). De ahí la importancia de la propuesta maoísta y la presión que ejerce en ese sentido para que sus combatientes se incorporen al nuevo Ejército.
Esta incorporación de los ex guerrilleros supondría la real democratización del Ejército de Nepal. A pesar de que la jefatura del Ejército ha dicho que va a obedecer las órdenes del gobierno legítimo, en la práctica se resiste ferozmente a perder sus privilegios aduciendo que la incorporación de ex guerrilleros supondría un "adoctrinamiento político". Y eso lo dice sin sonrojarse cuando durante decenas de años la principal misión del Ejército ha sido defender la monarquía. No es extraño que en Nepal, y de forma especial en Katmandú, circulen rumores, interesados o no, de una rebelión incipiente en el Ejército si tal integración se produce sin las condiciones impuestas por ellos: de uno en uno. El general en jefe lo ha dicho bien claro: "el primer ministro debe entender que los intentos de romper la cadena de mando no se van a tolerar y, por lo tanto, será un lamentable enfrentamiento" (2). Desde el nuevo Ministerio de Defensa se ha respondido diciendo que "la decisión sobre la integración no es del Ejército, sino del gobierno elegido por el pueblo" (3).
Amenaza ficticia o real -no hay que olvidar que el Ejército nepalí fue derrotado en el campo de batalla por la guerrilla, aunque en estos tres años se ha podido reabastecer y mejorar su preparación gracias a la ayuda prestada por los EEUU, Gran Bretaña e India- los síntomas no son buenos y el PCN (m) puede aceptar una solución intermedia, parte de sus componentes al Ejército y el grueso a la policía, en un proceso similar al ocurrido en El Salvador cuando la guerrilla del FMLN se incorporó sólo a la policía y no al Ejército, aunque a cambio se decidió una reducción del número de componentes del mismo. Los maoístas plantean que el Ejército de Nepal tiene que reducirse de los 90.000 efectivos actuales a 50.000.
Según la constitución provisional (artículo 145) es el Consejo de Seguridad Nacional quien controla "la movilización, el funcionamiento y la utilización" del Ejército. Dicho CSN está compuesto por el primer ministro como presidente, el ministro de Defensa y otros tres ministros nombrados por el primer ministro. Esto es así porque la tradición en Nepal indica que el Ejército siempre ha actuado a su aire y dependiendo, únicamente del Palacio Real. El Ministerio de Defensa en Nepal ha sido siempre meramente decorativo.
Una muestra de que las relaciones con el Ejército son tensas es que durante la toma de posesión del máximo dirigente maoísta, Pushpa Kamal Dahal "Prachanda", como primer ministro la escolta no fue prestada por efectivos del Ejército o de la policía, sino por ex combatientes del Ejército Popular de Liberación. Un aviso de los maoístas a las advertencias del jefe del Ejército, sin duda.
El "negociacionismo" del PCN (m)
Los maoístas han asumido una postura moderada y consensual conscientes de que el establishment de Katmandú y las fuerzas monárquicas harán todo lo que puedan para frenar la transición a una democracia estable, igualitaria, republicana y secular. De ahí que en el PCN (m) se hable de iniciar un proceso de reformas en Nepal, no de revolución.
Ese proceso de reformas se quiere visibilizar en el acuerdo impulsado por los maoístas y que consiste en aspectos como el combate a la corrupción, el nepotismo y el favoritismo dentro de las diferentes esferas del gobierno, aspectos que son los responsables del desaforado incremento de precios de los alimentos básicos como el arroz (que ha subido el 13'5% en lo que va de año), el aceite y la mantequilla de búfalo (el 18'8%). Sólo estas mercancías absorben cerca del 52% del gasto habitual de los nepalíes.
La tarea a que se enfrentan los maoístas es ingente y el camino no es ni fácil ni corto. Sin embargo, dentro del partido ha surgido un cierto debate sobre lo que en las estructuras maoístas se conoce ya como el "negociacionismo".Do's and don'ts for minis
El marxismo acepta la posibilidad de llegar a compromisos para alcanzar ciertos objetivos pero, desde luego, considera imposible lograr la revolución con demasiados compromisos y este es un debate que se está produciendo hoy en el interior del PCN (m). Los maoístas han disuelto la mayoría de sus gobiernos locales, que funcionaron durante la etapa guerrillera, así como las cortes de justicia del pueblo. Las cooperativas, comunas e instituciones de salud y educativas son ahora más débiles que en el pasado guerrillero. Y en una última decisión, clave para alcanzar el acuerdo que les ha permitido encabezar el gobierno, disolvieron la estructura militar en la que se encuadraban sus juventudes. Un sector importante del partido considera que son demasiadas concesiones en muy corto espacio de tiempo. La tarea del PCN (m) en el nuevo gobierno deberá ser retomar el rumbo o, en caso contrario, se podrá decir que la revolución ha terminado en Nepal. Pero habrá que esperar acontecimientos y ver el margen de maniobra con que cuenta. Ni qué decir tiene que el botón de muestra será el nuevo Ejército.
Los maoístas indios
Todo el proceso nepalí está siendo seguido muy de cerca por los maoístas indios. A pesar de ser una lucha prácticamente desconocida en occidente, los maoístas indios crecen cada día que pasa a nivel político y militar, así como expanden su influencia por diferentes estados del país. Actúan en 14 de los 28 estados de India (Chatisgarh, Jharkhand, Uttar Pradesh, Asma, Uttaranchal, Kerala, Tamil Nadu, Bengala Occidental, Gujarat, Andhra Pradesh, Madhya, Orissa, Maharashtra y Bihar) y que, en cifras, significa que en 182 distritos, de un total de 602 en que está dividido administrativamente el país, son los maoístas quienes controlan la situación (4). Hay que hacer notar que en el mes de abril se consideraba que actuaban en 165 distritos, por lo que el que ahora estén activos en 17 distritos más indica claramente su progresión imparable que se produce no sólo en el campo, sino que está comenzando a extenderse a las ciudades, especialmente a las zonas obreras e industriales de Delhi, Mumbai, Pune y Jammu alternando las acciones propagandísticas con las militares.
Los maoístas indios (naxalitas) apoyan de forma cautelosa al PCN (m), aunque le advirtieron de que no formase parte del gobierno y le animaron a que continuase impulsando la lucha de clases en Nepal, sin conciliación alguna con la oligarquía. En una resolución del Comité Central del Partido Comunista de India (maoísta) se saludó el triunfo electoral de los maoístas nepalíes como "un veredicto contra la monarquía feudal, el expansionismo indio y el imperialismo de EEUU". Ellos esperan que el PCN (m) cumpla su compromiso de revisar los tratados firmados entre India y Nepal, desde 1950, todos favorables a India. Y han saludado como un gesto "valiente" el hecho de que el primer país que ha visitado en nuevo primer ministro haya sido China y no India, como se había venido realizando de forma tradicional y poniendo de manifiesto la dependencia de los anteriores gobiernos respecto a sus vecinos indios.
Notas:
(1) Alberto Cruz: "2065, el comienzo del nuevo Nepal" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article99
(2) The Katmandu Post, 12 de agosto de 2008.
(3) The Himalayan Times, 28 de agosto de 2008.
(4) The Hindu, 23 de agosto de 2008.
2065, el comienzo del Nuevo Nepal

Alberto Cruz
El próximo 12 de abril da comienzo un nuevo año en Nepal, el 2065 de su calendario. Ese día ya se habrán celebrado las elecciones para la Asamblea Constituyente (tendrán lugar el 10 de abril, después de dos aplazamientos) que ponga fin a la monarquía e inicie el camino a la proclamación de la República. Una aspiración de la mayoría del pueblo nepalí y que ha sido simbolizada por la lucha, política y armada, que ha venido desarrollando el Partido Comunista de Nepal (maoísta) desde 1996.
La fecha viene a coincidir con la revuelta popular que hace dos años derrotó al golpe de Estado de la monarquía feudal y obligó al rey Gyanendra a desaparecer de la escena pública, aunque manteniendo la institución monárquica. Ahora, y si se cumple lo establecido en el Acuerdo de los 23 puntos alcanzado el mes de diciembre de 2007 entre la Alianza de Siete Partidos (derecha e izquierda muy moderada) y los maoístas – tras el abandono de éstos del gobierno interino por el incumplimiento de otros acuerdos anteriores- la Asamblea Constituyente tiene como principal tarea la proclamación de la República.
La euforia por el hecho de que se celebren estas elecciones que pongan fin a la monarquía no tiene que empañar el hecho de que aún hay múltiples amenazas en el camino trazado por las fuerzas revolucionarias en pro del Nuevo Nepal. La derecha ha establecido candidaturas conjuntas en muchos distritos, mientras que la izquierda (representada principalmente por los maoístas y los reformistas de la Unificación Marxista Leninista) acude fraccionada, con candidaturas propias y enfrentada en el valle de Katmandú.
Los intentos de crear un Frente Popular Nacionalista, Democrático y Republicano fracasaron. Mientras el PCN (m) ha logrado una alianza con otros pequeños partidos como el Janamorcha Nepal y el Partido Comunista de Nepal (Unidos), el Partido Comunista de Nepal-Unificación Marxista Leninista se ha negado en redondo a cualquier alianza, excepto en algunos distritos puntuales, alegando que el PCN (m) no se ha convertido “en un partido democrático” (1).
Este hecho, teniendo en cuenta que en el Acuerdo de 23 puntos de diciembre de 2007 se estableció un sistema electoral mixto (el 42% de los escaños serán por elección directa, mientras que el resto será por un sistema proporcional), hace que no haya que descartar un reforzamiento de las tesis monárquicas, es decir, el mantenimiento de la monarquía como una figura ceremonial, según unos, y parlamentaria, según otros. La monarquía aún es fuerte en sectores empresariales, en el Ejército y entre la vieja clase dirigente –que también tiene un componente importante de casta- dentro de los partidos tradicionales, especialmente del Congreso Nepalí y el Congreso Nepalí (Democrático). Sin olvidar a todos los países occidentales, que apuestan por una monarquía al estilo británico.
La responsabilidad de organizaciones como el PCN-UML no es pequeña si se da esta posibilidad. Ellos ya integraron el gobierno monárquico en la década 1990-2000 (teniendo incluso la responsabilidad del gobierno en 1994 por unos meses) y fueron cómplices de la represión que se ejerció no ya sólo contra los maoístas, sino contra los luchadores sociales y populares, lo que generó las causas para que el PCN (m) iniciase la lucha armada en 1996.
El PCN-UML es lo que los sostenedores de la tesis de la viabilidad (la alianza con la derecha y sectores neoliberales como la única posible en un mundo globalizado) considerarían como “la izquierda correcta”, aquella que no tienen ningún afán revolucionario y sólo se interesa por hacer más funcional el sistema, al estilo del Chile de Bachelet o el Brasil de Lula. Incluso del Partido Comunista de India (marxista), que estos días celebra su congreso y mantiene una alianza de colaboración “desde fuera” –a través del Frente de Izquierda, donde se integran otros partidos de este corte político- con el gobierno del partido del Congreso Nacional de India, considerado centro-derecha. No en vano, el embajador de EEUU en Nepal, James F. Moriarty, se ha reunido en numerosas ocasiones con el PCN-UML mientras que se niega a hablar siquiera con los maoístas, a quienes sigue considerando “terroristas”. Moriarty ha repetido hasta la saciedad que EEUU “no vería con buenos ojos una alianza con los maoístas”. Así lo dijo en marzo de 2007, cuando los maoístas aceptaron integrarse en el gobierno provisional, y lo repitió en diciembre de ese mismo año cuando se firmó el Acuerdo de 23 puntos (2). Los maoístas han acusado públicamente al PCN-UML de plegarse a las presiones estadounidenses (3) y de hacer fracasar la alianza de izquierda.
El derecho de autodeterminación e India
Cuando el 17 de febrero de 1996 los maoístas iniciaron la Janayuddha, la guerra popular, lo hicieron apoyados en un programa político que es el que han mantenido inalterable hasta la fecha y con el que concurren a estas elecciones: enfatizar la soberanía e independencia nacional frente a la influencia dominante de India; abolición de los privilegios de la familia real y proclamación de la República; secularización del estado; medidas contra la explotación patriarcal de la mujer; contra la discriminación por motivo de casta, condición social o procedencia étnica o regional; creación de un sistema de autonomías en aquellos distritos en los que las comunidades étnicas sean mayoría; igualdad de oportunidades para todas las lenguas nacionales; reforma agraria, suministro de agua y electricidad a todas las comunidades rurales; atención a los desprotegidos y acción contra la corrupción. El sistema socioeconómico que subyacen estas medidas es evidente y enfrentado al actual.
El programa maoísta es, con mucho, el más avanzado de los que se presentan a las elecciones, especialmente en el apartado del derecho de autodeterminación de los pueblos. El PCN (m) divide Nepal en 11 estados autónomos, con derecho a la autodeterminación, y en dos sub-estados. Es decir, la fórmula maoísta del Nuevo Nepal es una república democrática federal que sustituye a la forma “unitaria-feudal” del sistema monárquico.
Una propuesta que está siendo utilizada por la reacción, tanto nepalí como hindú, puesto que en Terai –que comparte frontera con los estados indios de Bihar y Uttar Pradesh- existe una importante revuelta desde que se discute la formación del Nuevo Nepal, especialmente en dos aspectos: el fin de la monarquía y la proclamación de Nepal como un estado secular. Los monárquicos se han hecho fuertes en esta zona y consideran que se debe mantener la “identidad hindú” del país. Nepal ha vivido en los últimos 250 bajo una monarquía feudal autocrática, es decir, el rey es inviolable, además del dueño absoluto del país en una doble vertiente de gobernante y dios. Me explico, los nepalíes han considerado históricamente que el rey es la encarnación de un dios hindú, Vishnu, y no hay que perder de vista que casi la mitad del país es seguidora de las diferentes religiones hindúes, además de tener un tercio de su población considerada hindú. Y este es el factor que la monarquía está agitando en Terai.
Pero no sólo la monarquía. También India. El programa maoísta incluye el desconocimiento de los tratados firmados con India por los gobiernos monárquicos y una nueva elaboración de los mismos desde un ámbito de igualdad entre Estados. Tras la derrota de la monarquía por las movilizaciones populares de 2006, una de las primeras medidas que tomó el nuevo gobierno provisional, antes de la incorporación de los maoístas al mismo, fue la renovación automática del tratado comercial bilateral que Nepal e India firmaron el año 2002 (al que se han opuesto desde siempre los maoístas) y el Tratado de Mahakali, firmado en 1950 y por el que India pasa a beneficiarse casi en exclusiva de las aguas de esa zona fronteriza. Los maoístas han calificado históricamente este tratado como “obsoleto y desigual” y han dicho en reiteradas ocasiones que lo revisarán en busca de una mayor independencia económica para Nepal.
Al mantener la agitación en Terai, India se asegura una zona-tampón para evitar la ayuda de los maoístas nepalíes a sus camaradas hindúes. En septiembre de 2006 los partidos maoístas de Nepal, India, Bangladesh, Bután y Sri Lanka celebraron la IV Conferencia de Organizaciones Maoístas y el documento final reconoce la necesidad de agrupar las diferentes organizaciones maoístas que hay en India (tres, todas presentes en esa conferencia) y Bangladesh (dos, también presentes) y en “hacer avanzar las revoluciones por medio de la lucha armada” (4). La fase principal para los maoístas es la que en estos momentos se desarrolla en los estados indios de Bihar, Jharkhand, Uttar Pradesh, Madhya Pradesh, Andhra, Karnataka y Kerala. Y, como se ha dicho anteriormente, Bihar y Uttar Pradesh son fronterizos con Terai.
En estos momentos, India se enfrenta a una campaña armada sin precedentes por parte de los maoístas, que se han extendido a 14 de los 28 estados de India (Chatisgarh, Jharkhand, Uttar Pradesh, Asma, Uttaranchal, Kerala, Tamil Nadu, Bengala Occidental, Gujarat, Andhra Pradesh, Madhya, Pradesh, Orissa, Maharashtra y Bihar) y que, en cifras, significa que en 165 distritos -de un total de 602 en que está dividido administrativamente el país- son los maoístas quienes controlan la situación. De hecho, los maoístas hindúes (naxalitas) están comenzando a extenderse a las ciudades, especialmente a las zonas obreras e industriales de Delhi, Mumbai, Pune y Jammu alternando las acciones propagandísticas con las militares. En Nayararh, una de las más importantes ciudades del estado de Orissa, un comando naxalita realizó una de sus más audaces acciones hasta el momento: el 16 de febrero se produjo el asalto a una comisaría de policía y la requisa de 1.100 armas almacenadas en este establecimiento policial.
De ahí el interés de India en no perder su influencia en Nepal y en asegurarse, con el tema de Terai, una baza importante de negociación con el PCN (m) si los resultados electorales convierten a este partido en referente para la formación del nuevo gobierno. Así lo ha dicho expresamente un alto dirigente indio, M.K. Narayanan, que es ni más ni menos que el Consejero de Seguridad Nacional: “nuestra preferencia para estas elecciones es el Congreso Nepalí porque tenemos un muy bajo nivel de confianza en los maoístas, pero podemos trabajar juntos a pesar de las diferencias” (5). Estas declaraciones las hizo Narayanan al conocerse que India ha seguido enviando material bélico al Ejército de Nepal en lo que sería una violación flagrante del acuerdo de paz de 2006.
El nuevo Ejército
El programa de los maoístas nepalíes incluye también uno de los aspectos más sensibles para el Nuevo Nepal que nacerá con las elecciones del 10 de abril: la formación de un nuevo Ejército. La incorporación de la mayoría de los antiguos guerrilleros al nuevo Ejército se viene retrasando desde diciembre de 2006 a pesar de los acuerdos firmados. Este aspecto es, junto a la proclamación de la República, uno de los centrales en el programa maoísta y así está recogido, además, en el Acuerdo de 23 puntos firmado en diciembre de 2007.
El PCN (m) ha acogido las reivindicaciones de los antiguos gurkas (soldados nepalíes licenciados de los ejércitos británico e hindú) y eso le ha granjeado importantes simpatías y apoyos para la constitución del nuevo Ejército. Según la ONU, 19.000 ex guerrilleros aún permanecen acantonados en siete campamentos (otros 12.000 los han abandonado para realizar actividades políticas) y sería este contingente el que se incorporaría al nuevo Ejército nepalí tras las elecciones. De hecho, el actual jefe de personal Ejército, Rookmangad Katwal, ya ha manteniendo algún encuentro con el principal dirigente del PCN (m), Pushpakamal Dahal "Prachanda”, para allanar el camino (6).
La desconfianza de los maoístas hacia el Ejército es grande, puesto que no ha podido lograr el castigo o el retiro de los generales más implicados en la represión monárquica ni en las matanzas durante la guerra popular revolucionaria. Además, el Ejército se ha opuesto sistemáticamente a discutir siquiera cualquier reforma estructural y la Alianza de los Siete Partidos no ha insistido en ello. En teoría, el Ejército se mantiene quieto y sin interferir en el proceso político, pero en la práctica sigue siendo autónomo, más allá de cualquier control democrático. De hecho, una de las instancias creadas tras la firma del acuerdo de paz, el Consejo de Seguridad Nacional, sólo existe sobre el papel y se ha reunido una sola vez en dos años. Tanto Estados Unidos como India ven en el actual Ejército nepalí un apoyo firme para evitar que los maoístas se hagan con el control del país. De ahí la importancia de la propuesta maoísta y la presión que ejerce en ese sentido para que sus combatientes se incorporen al nuevo Ejército.
Este es el panorama con el que comenzará el Nuevo Nepal de 2065. Muchas aspiraciones populares e intrigas y maniobras retardatarias de una reacción que cuenta con la prensa, una vez más, como fuerza de choque. Del resultado que consiga el PCN (m), a pesar de todos los escollos que está teniendo que enfrentar, dependerá el futuro no sólo de este país, sino de todo un proyecto político en esa parte de Asia.
(1) The Himalayan Times, 28 de febrero de 2008.
(2) Nepal News, 27 de diciembre de 2007.
(3) Nepal News, 18 de marzo de 2008.
(4) The Red Star, 29 de septiembre de 2006.
(5) Nepal News, 30 de marzo de 2008.
(6) The Himalayan Times, 22 de marzo de 2008.
