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Líbano: análisis para comprender el resultado de las elecciones y perspectivas de futuro

Alberto Cruz
Hizbulá perdió las elecciones en Líbano. La coalición pro-occidental ganó las elecciones en Líbano. El tsunami de Hizbulá se quedó en borrasca. Giro hacia occidente. Estos y otros titulares parecidos se han podido leer estos días en todo tipo de prensa, incluyendo la supuestamente analítica y alternativa. Algún medio, más audaz y también algo más enterado, tituló diciendo que Hizbulá eligió perder y algún otro hizo lo que había que hacer: traducir lo que dicen los árabes y la visión es otra. Al mismo tiempo, un suspiro de alivio se ha oído desde Washington hasta El Cairo porque la coalición pro-occidental se hizo con la mayoría de escaños. Pero ¿de verdad perdió Hizbulá? O, para ser más exactos, ¿de verdad ganó la coalición pro-occidental? Si hay que atenerse a la representación parlamentaria, 71 (3 de ellos concurrían como "independientes", pero terminaron sumándose a los pro-occidentales) frente a 57, así parece.
Dice un aserto periodístico que el buen periodista es aquel que escribe (o habla) de todo y no sabe de nada. Y esto se puede aplicar en su sentido literal a Líbano y a las recientes elecciones. Líbano tiene una "democracia de consenso", es decir, un sistema político producto del colonialismo -la Constitución data de 1926, bajo dominio francés- y basado en la religión que establece -según un pacto no escrito alcanzado en 1943- que el presidente del país y el jefe del Ejército han de ser cristianos maronitas, el vicepresidente un cristiano ortodoxo, el primer ministro un musulmán suní, el presidente del parlamento un musulmán shií y así ha de seguir la representación para el resto de confesiones religiosas (hay 18) en todos los niveles de la administración pública. Aparentemente, tal fórmula pretende mantener el equilibrio entre las diferentes religiones existentes en Líbano. En la práctica, lo que se defiende de esta forma es el mantenimiento del control del país por Occidente bajo la siempre pendiente espada de Damocles del "derecho de injerencia" con la excusa de la "protección de las minorías".
El Parlamento libanés tiene 128 escaños con un reparto, aparentemente, igual para cristianos y musulmanes (64 para cada uno) -según se especifica en el Acuerdo de Taef que puso fin a la guerra civil en 1989- y la edad para ejercer el sufragio es de 21 años (la coalición pro-occidental se negó a rebajarla sabiendo que la demografía shií juega en su contra). Aquí termina la apariencia igualitaria porque la distribución es como sigue: 34 escaños para los cristianos maronitas, 15 para los cristianos ortodoxos, 10 para los cristianos católicos, 1 para los cristianos protestantes, 4 para los armenios ortodoxos, 27 para los musulmanes suníes, 27 para los musulmanes shiíes, 8 para los drusos y 2 para los musulmanes alauitas.
Volviendo a las apariencias, pareciese, valga la redundancia, que hay una representación igualitaria para todas las creencias religiosas. Pero no es así, ni mucho menos. Los maronitas con derecho a voto son menos de 700.000, los ortodoxos no llegan a los 250.000 y los católicos son 162.000, por mencionar sólo los mayores números según el censo utilizado para votar en las elecciones del pasado 7 de junio. En total, el número de cristianos sube algo más del millón de votantes. Por el contrario, los musulmanes suníes con derecho a voto son 842.000, los shiíes 874.000 y los drusos 187.000. Es decir, superan los dos millones. Luego la paridad de escaños entre unos y otros no se corresponde con la realidad demográfica del país.
En este contexto hay que entender el juego de alianzas políticas existente en Líbano. La coalición "14 de Marzo" agrupa organizaciones cristianas, a suníes y a drusos mientras que el "Bloque del Cambio", también llamado "8 de Marzo" engloba a shíies, cristianos, armenios y fuerzas aconfesionales de izquierda. En estas elecciones han sido los cristianos (después del llamamiento expreso del patriarca maronita para que se votase a los pro-occidentales) quienes han decidido el ganador en número de escaños, no en votos. El "Bloque del Cambio" logró 839.371 votos (el 50’4%) por 692.285 los pro-occidentales del "14 de Marzo" (46%). Otras candidaturas no encuadradas en unos u otros, como la del PCL, lograron el 3’6% de los votos. Por completar los datos, el Bloque del Cambio-"8 de Marzo" subió un 9% respecto a las anteriores elecciones, porcentaje que perdió la coalición pro-occidental (1).
De ahí que las primeras declaraciones de los supuestos ganadores hayan sido de concordia y moderadas pese a las presiones que se están haciendo sobre ellos desde EEUU, la UE, Arabia Saudí y Egipto para que como primera medida del nuevo gobierno se ponga, otra vez, encima de la mesa el desarme de Hizbulá, que ya ha advertido -pese a felicitar al "14 de Marzo"- que una cosa es tener más escaños y otra tener más votos (2) y que va a mantener su estructura armada mientras continúe la ocupación del territorio libanés por parte de Israel (la aldea de Ghajar, la colina de Kfar Shuba y las granjas de la Shebaa), así como las amenazas del régimen sionista como las puestas al descubierto con el desmantelamiento de una parte de la trama de espías israelíes en el sur del país y en el valle de la Bekaa.
Se está, por lo tanto, en una situación muy similar a la de las anteriores elecciones, en 2004, en las que la coalición pro-occidental tenía 70 escaños y el Bloque del Cambio 58. Es decir, se ha mantenido el status quo. Pero con una diferencia: ahora Líbano se rige por el Acuerdo de Doha, firmado el 16 de mayo de 2008 tras la toma de Beirut por los combatientes de Hizbulá y sus aliados políticos (3). En dicho acuerdo se acogen tres puntos esenciales: la elección de un presidente de consenso (fue así como se eligió a Michel Suleiman, aunque en estas elecciones se posicionó de forma indirecta por por pro-occidentales), la formación de un gobierno de unidad nacional en la que la oposición (liderada por Hizbulá) tiene derecho de veto y la realización de elecciones según la ley de 1960, que permite dividir el país en 28 distritos con un criterio religioso y con una sola excepción: Beirut, donde en un distrito -la segunda circunscripción, de siete en que está dividida la capital- se podrían presentar listas conjuntas. Por lo tanto, y dada la composición religiosa del país, para cualquier observador mínimamente avezado era evidente que se podían conocer, más o menos, los resultados de 100 de esos 128 escaños. Por poner un ejemplo, en Beirut sólo se pueden elegir dos diputados por los shíies. Ese era el "pequeño margen" que manejaban las encuestas y que supuestamente daban una ligera mayoría al Bloque del Cambio.
Lo que no mencionaban las encuestas era un factor que, a la postre, ha sido el decisivo: el retorno sufragado -así lo reconocieron expresamente los votantes del distrito beirutí de Zahle y la prensa libanesa cuantificó en 12.000 los votos de los retornados en este distrito (4)- de 120.000 ciudadanos libaneses residentes en el extranjero (Europa, EEUU y Australia, preferentemente) y que han vuelto para votar. De ellos, unos 90.000 lo han hecho por la coalición pro-occidental. Eso ha sido lo que ha decantado el resultado hacia una mayoría de escaños, que no de votos, para el "14 de Marzo", especialmente en Beirut, y eso es lo que ha hecho que la participación en estas elecciones haya sido un 7% superior a la de 2004. Y en los resultados ha jugado un papel, en absoluto desdeñable, la descarada injerencia exterior, desde los EEUU (el vicepresidente Joe Biden condicionó la ayuda estadounidense al triunfo del "14 de Marzo"), a Arabia Saudita (que ha invertido millones de dólares para comprar votos en el norte del país y lo ha intentado, también, en el sur, zona tradicional de Hizbulá), Egipto (con el episodio de la supuesta célula de Hizbulá que tenía previsto "desestabilizar" el país y atacar a ciudadanos israelíes en Egipto) e, incluso, Israel (que realizó unas importantes y masivas maniobras militares sólo cinco días antes de las elecciones libanesas y, con su chulería habitual, anunció que consideraría a Líbano "un país terrorista" si ganaba el Bloque del Cambio).
Hizbulá no hizo de la cuestión electoral ni de la ley de 1960 un caballo de batalla en Doha. Si hubiese querido cambiar la correlación de fuerzas electoral lo habría hecho sin problemas y no fue así. Por lo tanto, todas las versiones sobre que "ha preferido perder" no se corresponden con la realidad simplemente porque nunca pretendió "ganar" las elecciones aunque, como es obvio, las planteó para consolidar y aumentar sus posiciones. En ese sentido, objetivo logrado puesto que4 su hegemonía entre los shíes es incuestionable. Hizbulá es paciente y no quiere ir demasiado lejos en una batalla que puede conducir al colapso de la estabilidad en Líbano. De hecho, al igual que cedió casi todos los ministros a sus aliados tras su demostración de fuerza en mayo de 2008, cuando tomó Beirut en cuatro días, habría hecho lo mismo en el caso de que el "8 de Marzo" hubiese tenido mayoría de escaños.
Quien sí hizo campaña por el rechazo a la ley de 1960 fue el Partido Comunista Libanés. Es parte de su esencia puesto que desde su creación, en 1924, uno de sus objetivos es "combatir el sistema confesional" (...) "porque obstaculiza el desarrollo económico, social y humano" e, incluso, "lacera conceptos patrióticos fundamentales como la resistencia". El PCL fue la organización que en 1982 impulsó la creación del Frente Libanés de Resistencia Patriótica frente a los ocupantes israelíes y fue el pionero en la lucha armada contra los sionistas y sus agentes. Después se le sumaron otras organizaciones hasta llegar a la situación que hoy conocemos y es que Hizbulá se ha convertido en la fuerza hegemónica de la resistencia libanesa. Su relación con Hizbulá es excelente -aunque en estas elecciones se han distanciado-, tanto que en la guerra contra Israel del verano de 2006 un destacamento de élite de milicianos comunistas combatió junto a las fuerzas de Hizbulá, muriendo 12 de ellos.
El PCL siempre ha trabajado por una sociedad civil no religiosa y un sistema proporcional con la finalidad de eliminar el confesionalismo. Además, para estas elecciones propugnaba la eliminación de nuevos impuestos y la derogación de las medidas antisociales (privatizadoras) adoptadas en la Conferencia de París III (5). Pero el PCL cometió un error táctico grave: al no conseguir que el "Bloque del Cambio" se presentase con un programa común en estos aspectos económicos decidió presentarse sólo en cinco distritos. Y lo ha pagado caro.
El próximo gobierno libanés se formará a partir del 20 de junio y será entonces el momento de ver si opta por mantener el Acuerdo de Doha o no. En caso de que no sea así, y tanto el actual primer ministro, Fouad Siniora -tras un viaje relámpago a Egipto (6)- como la extrema derecha que representan las Fuerzas Libanesas considera que el "14 de Marzo" tiene que romper con él (lo que significa volver al debate sobre las armas de la Resistencia Islámica, es decir, de Hizbulá), se volverá a la situación frágil que caracteriza a Líbano. Y si se mantiene la línea económica seguida por Siniora al frente del gobierno, de corte abiertamente neoliberal y fondomoneratista, partidaria de la privatización de sector público y de los servicios básicos, la respuesta sindical se hará visible de nuevo. De hecho, los capitalistas libaneses están eufóricos: la semana posterior a las elecciones, del 8 al 14 de junio, la bolsa de valores subió un 10’9% (7). Aquí hay que hablar ya en términos de clase puesto que los grandes grupos burgueses, tanto del "14 de Marzo" como del "8 de Marzo", tienen unos planteamientos parecidos en política económica.
Y aún hay un aspecto a mencionar y que tiene que ver con la geopolítica en la zona y con el acercamiento de EEUU y Arabia Saudita con Siria. El diario libanés As Safir afirmaba el pasado 12 de junio (8) que tanto saudíes como sirios se han comprometido a impulsar el gobierno de unidad nacional tal como se recoge en el Acuerdo de Doha (pese a que Arabia Saudita no participó en su elaboración y no firmó el documento) en un reparto evidente de la influencia: los saudíes quieren reforzar la economía bajo premisas neoliberales mientras que los sirios quieren tener influencia en cuestiones de seguridad. Y como para reforzar este argumento, Saad Hariri, el multimillonario dirigente del Movimento al Futuro y posible nuevo primer ministro, estuvo los días 15 al 17 de junio en Riad, la capital saudí.
Además, tras las elecciones se han producido dos hechos al menos curiosos que pueden explicar por dónde va a transitar el nuevo gobierno: el ex presidente estadounidense James Carter se ha reunido con el ayatolá shií Mohammad Hussein Fadlallah, un hombre al que la CIA intentó asesinar al menos en una ocasión, y Javier Solana, el responsable de política exterior de la UE, ha hecho lo propio con responsables del Bloque de la Lealtad a la Resistencia, próximo a Hizbulá, y con el diputado de este movimiento político-militar Hussein Hajj Hassan. Un "gesto de buena voluntad" de Europa hacia Hizbulá, como ha dicho la propia organización y que puede indicar que algo se está moviendo en el escenario geopolítico.
Notas:
(1) Al Akhbar, 10 de junio de 2009.
(2) Al Manar, 8 de junio de 2009.
(3) Alberto Cruz, "Condolezza Rice tenía razón: nace un nuevo Oriente Medio" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article154
(4) Citado por Habib C. Malik, un profesor de la Universidad Americana de Líbano en www.bitterlemons-international.org
(5) Alberto Cruz, "Líbano, una guerra fría cada vez más caliente" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article81
(6) AFP, 14 de junio de 2009.
(7) The Daily Star, 15 de junio de 2009.
(8) As Safir, 12 de junio de 2009
Líbano rompe los moldes en Oriente Medio

Alberto Cruz
Líbano, de la mano de Hizbulá, está rompiendo los moldes en Oriente Medio. Tras la derrota infligida por Hizbulá a Israel en la guerra del verano de 2006 de nuevo ha logrado hacer doblar la cerviz al Estado sionista, obligándole a realizar otro intercambio de presos libaneses y palestinos similar al alcanzado en 2004 (1); ha logrado debilitar la estrategia imperialista y saudita en la zona al demostrar su fuerza con la toma de Beirut en sólo cuatro días, obligando a una rápida acción mediadora de varios países árabes que terminó con el Acuerdo de Doha -en virtud del cual las fuerzas patrióticas y nacionalistas libanesas forzaron un gobierno de unidad nacional, por el que venían luchando desde el fin de la guerra contra Israel en 2006, y se aseguran una minoría de bloqueo en dicho gobierno al tiempo que refuerzan sus posiciones políticas y militares- y está demostrando que las tropas de la ONU en el sur del país cuentan cada vez con un mayor rechazo por parte de la población al ser vistas como una extensión de los intereses israelíes en Líbano y no como esas supuestas fuerzas pacificadoras que dicen que son.
El intercambio de prisioneros
Dos años después del comienzo de la guerra, el intercambio de presos es un nuevo éxito de Hizbulá. Este movimiento político-militar, al contrario que otras organizaciones guerrilleras en otras partes del mundo, nunca ha cedido a las pretensiones de las otras partes, sea Israel o la propia ONU, sobre las "pruebas de vida" de los soldados que ha mantenido en su poder como consecuencia de acciones de guerra y con independencia de que estuviesen vivos o muertos. Eso le ha proporcionado una apreciable ventaja a la hora de negociar puesto que el adversario nunca ha sabido a ciencia cierta a qué se ha tenido que enfrentar.
En todo momento la iniciativa ha estado en la mano de Hizbulá, que ha sabido manejar el tiempo en función de sus intereses políticos y militares. Tanto desde Israel, como desde la ONU y no digamos desde los llamados medios de comunicación de masas, se ha venido reclamando a Hizbulá una prueba de que los dos soldados capturados se encontraban vivos. Nunca se ha dado esa información. Es más, el encargado de negociar por parte del movimiento político-militar libanés con el mediador alemán que representaba al secretario general de la ONU jamás tuvo información al respecto porque, como dice Hasán Nasralá, secretario general de Hizbulá, "una de las lecciones valiosas que aprendimos de los intercambios anteriores [se refiere de forma especial al realizado en 2004] es que los medios complican la operación y crean circunstancias y condiciones previas (...) porque el enemigo emprende siempre una guerra de credibilidad y no credibilidad en un intento de provocar fracturas en las posiciones [de Hizbulá] y esa es una política que practicó en muchas partes del mundo" (2). La negociación ha durado prácticamente dos años y en ese tiempo Hizbulá se ha mantenido inflexible a las presiones. Ahora recoge los frutos.
El hecho de que el intercambio de prisioneros haya casi coincidido en el tiempo con la formación de un gobierno de unidad nacional, y que en el recibimiento a los presos libaneses liberados de las cárceles israelíes haya participado el presidente del país, Michel Suleiman, así como el primer ministro y representantes de la práctica totalidad de las formaciones libanesas, incluyendo a las pro-occidentales, pone de manifiesto la importancia de esta operación, así como el hecho de cómo se ha desarrollado la negociación en sí.
En ella, Hizbulá presentó una serie de principios irrenunciables, en especial que en el intercambio se incluyese a los presos libaneses acusados por Israel de "delitos de sangre", es decir, de haber realizado acciones armadas con resultado de muerte. Este es el caso del internacionalista libanés Samir Kuntar, vinculado al Frente de Liberación de Palestina. Israel siempre se ha negado a excarcelar a militantes a quienes cataloga como terroristas, pero ahora se ha visto obligado a ceder. Un precedente, a todas luces, que será aprovechado por otras organizaciones, como la palestina Hamás, que también tiene en su poder a un soldado israelí capturado en una operación militar.
Otras cuestiones consideradas irrenunciables por el movimiento político-militar libanés han sido el retorno de los restos de los árabes muertos en las diferentes guerras, conocer qué ha pasado con los desaparecidos especialmente desde la invasión israelí de 1982 y la liberación de prisioneros palestinos y árabes de las cárceles israelíes. Aquí Hizbulá ha insistido en la liberación de las mujeres y los niños. Ni qué decir tiene que aunque Israel haya intentado desligar este asunto de los otros y diga que la liberación que tendrá lugar dentro de unos días se debe a un "gesto de buena voluntad" con el colaboracionista Mahmoud Abbas y con la ONU, la realidad es que gracias a Hizbulá que esos presos estarán pronto en libertad.
Gobierno de unidad nacional
La formación de un nuevo gobierno, de unidad nacional, ha sido una muestra de la generosidad del más fuerte con sus aliados: Hizbulá ha cedido dos de las carteras ministeriales a sus aliados más pequeños, el Partido Nacionalista Socialista Sirio y a una pequeña formación drusa enfrentada al pro-imperialista Walid Jumblatt. Al mismo tiempo, ha impulsado que a la formación cristiana maronita con la que mantiene un acuerdo estratégico, el Movimiento Patriótico Libre, le hayan sido otorgados cinco ministerios y el cargo de vice-primer ministro. Hay que hacer notar que el MPL no contaba con representante alguno en el gobierno anterior. Y por si fuese poco, la otra fuerza política aliada de Hizbulá, el Movimiento Amal, ha conseguido la cartera de Asuntos Exteriores -lo que va a definir en el futuro las relaciones de Líbano con sus vecinos y, de forma especial, con Siria mientras provocará un distanciamiento evidente de Arabia Saudita, país que ha venido interfiriendo en Líbano en los últimos años- además de la de Salud.
Con esta actuación, que un teórico marxista podría describir como aplicar los principios gramscianos de la fuerza hegemónica y la política de alianzas, el mito del sectarismo y del enfrentamiento interconfesional en Líbano salta por los aires. El único ministerio que queda en manos de Hizbulá es, significativamente, el de Trabajo, por lo que es previsible que en su primera actuación se eleve el salario mínimo de los trabajadores, tal y como ha venido reclamando la Central General de Trabajadores en los últimos dos años y reivindicación principal de las dos huelgas generales que ha vivido Líbano en enero de 2007 y en mayo de 2008.
El nuevo gobierno ha venido precedido de la advertencia del presidente de Líbano, Michel Suleiman, al primer ministro, Fouad Siniora, de intervenir él mismo en el proceso de formación del gobierno si no se llegaba a un acuerdo antes del día 12 de junio. Eso descolocó a los pro-occidentales, que se resistían a perder poder pese al Acuerdo de Doha y tuvieron que aceptar todos los nombres propuestos por la alianza nacionalista y patriótica. Pero hay más. Suleiman había dicho el día 10 de junio, en un acto oficial con la principal central sindical del país, la CGT, en el que criticó con crudeza la decisión del Reino Unido de incluir al brazo armado de Hizbulá en la lista de organizaciones terroristas, que el desarme de Hizbulá va para largo puesto que "Hizbulá es la punta de lanza de la resistencia frente a los que amenazan la libertad e integridad territorial del país" y añadió un aviso para los navegantes occidentales que con tanta alegría ponen etiquetas de tal o cual cosa a quienes osan mantener posiciones patrióticas y nacionalistas: "Líbano nunca admitirá que un partido que defiende su territorio, libertad y soberanía esté calificado de terrorista" (3).
El rechazo a la FINUL
Y el presidente libanés dijo algo más, en una crítica directa a la ONU: "Líbano nunca olvidará que allí donde la ONU falló, impotente en forzar a Israel a retirarse del sur de Líbano, fue la resistencia quien logró liberar la región" (4). Por lo tanto, a nadie debe extrañar que los habitantes de toda esa zona libanesa no vean con agrado la presencia de las tropas de la ONU, la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL), pese a que en algunos lugares los comerciantes hayan puesto a sus locales letreros en castellano o en italiano, por ejemplo. En las diferentes aldeas que rodean a la localidad de Marjayoun, donde se sitúa el cuartel general de las tropas españolas, pueden verse letreros como "El Corte Inglés" pintado de forma rústica a la entrada de un almacén ubicado en un garaje, "Cafetería" en un pequeño local situado en las cercanías de la Puerta de Fátima, justo al lado de la frontera israelí o "Peluquería solo para hombres".
Las patrullas de la FINUL son constantes en las angostas carreteras del sur. El cruce con vehículos blindados es frecuente y los soldados que van en la parte superior, los encargados de la ametralladora, saludan con la mano siempre que se cruzan con un vehículo. Cumplen así, a rajatabla, la orden recibida de intentar congraciarse con una población que les ve como una expresión más de Israel. Los testimonios en ese sentido no faltan. Y las acciones, tampoco.
Desde que las tropas de la FINUL llegaron al sur libanés no han faltado los incidentes, especialmente con los contingentes español e italiano. Los más graves, que fueron reseñados por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en sus informes han tenido lugar, hasta ahora en el mes de febrero de 2007 (5) y en los meses de marzo y mayo de 2008.
Según aparece reflejado en los párrafos 21, 23 y 24 del último informe de Ki-moon (6) los soldados de la FINUL se vieron envueltos en incidentes en dos zonas separadas: en la aldea de Jibal al-Butm cuando hombres armados no identificados les impidieron acercarse a un camión al que pretendían registrar, aunque no se llegó al intercambio de disparos, y en la de Adchit al-Qusair, donde la población se enfrentó a pedradas con una patrulla de la FINUL (la nacionalidad no es especificada en el informe) que fotografió unos cables "de aspecto sospechoso". La actitud de los pobladores no se quedó en el lanzamiento de piedras, sino que fotografió a su vez a los componentes de la patrulla, bloquearon la carretera para que la patrulla de la FINUL no pudiese abandonar el lugar y obligó a los soldados de la ONU a borrar de sus cámaras las imágenes que habían tomado de los cables "sospechosos", tal y como lo relata Ban Ki-moon.
Hay que recordar que fue precisamente el intento del anterior gobierno libanés de desmantelar la red de comunicaciones de Hizbulá, esencial para el triunfo en la guerra contra Israel en 2006, uno de los aspectos que provocó el hecho de que Hizbulá tomase Beirut, por lo que la acción de la FINUL hay que entenderla como es: sirve a los intereses de Israel.
Y es que los contactos a alto nivel entre los responsables de la FINUL y el Ejército de Israel están a la orden del día, y no sólo por cuestiones de aplicación de la Resolución 1701. A Israel le interesa una FINUL más beligerante y con capacidad de usar las armas. Así lo recoge un informe publicado por el diario israelí Haaretz , según el cual durante los últimos meses Israel ha estado hablando con la ONU sobre la FINUL para aclarar las normas para entrar en combate, ya que considera que la FINUL está demasiado constreñida en su mandato. El Ejército israelí lo puede decir más alto, pero no más claro: "Nos gustaría que los soldados de la ONU realizaran búsquedas dinámicas de armas en el sur de Líbano, incluyendo dentro de las casas, y que pudieran utilizar la fuerza cuando fuese necesario para llevar a cabo su misión y no sólo si la vida de los soldados está en peligro [como es el caso actual]" (7).
En este sentido, el actual ministro de Asuntos Exteriores italiano, Franco Frattini -Italia es quien manda en estos momentos el contingente de la FINUL- se ha reunido con los principales dirigentes políticos israelíes, así como con el general Amir Eshel. Este tipo de reuniones no son infrecuentes, mientras que no se producen con la otra parte, en el lado libanés. Tras la formación del nuevo gobierno, y en especial una vez se celebren las elecciones el año que viene, la ONU deberá tener muy en cuenta la composición del nuevo gobierno y las decisiones que se tomen en este campo, en especial si se sigue el ejemplo del gobierno que se va a formar en Nepal tras el triunfo maoísta y que ya ha decidido que la presencia de la ONU en ese país del Himalaya se tiene que reducir en un 70% para el año 2009. En Líbano la situación puede ser también similar el año que viene.
Por lo tanto, es fácil imaginar la impresión que deben tener estas tropas al ver, en sus patrullas diarias, pancartas con las frases, en árabe e inglés, que dicen cosas como "gracias a las armas de la resistencia vamos a liberar a nuestros presos". O que a lo largo y ancho de todo el país, especialmente del sur, flamean las banderas de los partidos en que militaban los combatientes muertos en las diferentes guerras contra Israel: las rojas del Partido Comunista de Líbano, las verdes de Amal y las amarillas de Hizbulá.
Es un gesto que va más que una celebración por el intercambio de prisioneros y cadáveres, es un aviso a navegantes. Y es indignante que el estado que más escupe sobre el derecho internacional, aquel que incumple reiteradamente, con la aquiescencia de los democráticos gobiernos occidentales, no sólo todas y cada una de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y las más elementales de los derechos humanos, diga que la Resolución 1701 que sirvió para alcanzar el cese de hostilidades con Hizbulá sea un fracaso porque no ha logrado desarmar al movimiento político-militar libanés y que, por ello, ha solicitado a los países europeos durante la conferencia Europediterránea, especialmente a Italia y a Francia, que se atienda la petición israelí sobre una FINUL más beligerante y con capacidad para utilizar la fuerza contra los libaneses del sur (8).
Las granjas de la Shebaa
Los últimos movimientos diplomáticos indican que la franja de terreno libanés ocupada por Israel, las granjas de la Shebaa y las colinas de Kfar Shuba, pueden pasar a control de la ONU en breve plazo. Este es el último territorio libanés ocupado por Israel y el gobierno sionista de turno se ha opuesto sistemáticamente a retirarse de dicho territorio. Hasta el pasado mes de mayo.
Tras la toma de Beirut por Hizbulá y el derrumbe de las fuerzas pro-occidentales en los primeros días de mayo, desde EEUU y otros países occidentales como Francia se ha venido presionando a Israel para que abandone las granjas y entregue el terreno a la autoridad provisional de la ONU para, así, dejar sin argumentos a Hizbulá respecto a la necesidad de mantener su brazo armado mientras quede una franja de terreno ocupada. Israel estaría dispuesto a retirarse siempre y cuando consiga, como contrapartida, lo reseñado más arriba: que la FINUL pueda usar la fuerza cuando lo considere oportuno.
Si se acepta esta postura, de nuevo habrá muertos interpuestos a mayor gloria de Israel puesto que Hizbulá ya ha dicho que no es la diplomacia quien libera la tierra, sino la lucha y que el hecho de que la Shebaa quede bajo control de la ONU no significa que se haya liberado todo el territorio libanés puesto que se estaría ante una "liberación incompleta".
Líbano viene marcando el camino al pueblo árabe desde hace dos años. La firmeza de principios, la resistencia patriótica y la unidad política por unos objetivos comunes, al margen de la confesión religiosa y/o la concepción política, están rompiendo los clichés de sectarismo con que desde los llamados medios de comunicación occidentales y sus aliados árabes se aborda una situación que les preocupa por lo que de ejemplo tiene para el resto de pueblos de la zona. Los gobernantes saudíes, kuwaitíes, egipcios y jordanos miran con mucho interés lo que está sucediendo en este pequeño país porque en ello está incluido su propio futuro.
De hecho, el más preocupado por lo que supone de derrota estratégica del imperialismo y del proyecto sectario wahabita, el rey saudita Abdulá, muestra siempre que puede su frustración (9) ante la fuerza de Hizbulá y las organizaciones patrióticas y nacionalistas libanesas mientras que en el resto de países árabes las élites se muestran cada vez más preocupadas por el ejemplo que se está ofreciendo y el apoyo, que se mantiene casi intacto desde la guerra, a Nasralá entre la calle árabe y a quien se le compara desde entonces con el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, tal y como viene haciendo desde la guerra de 2006 el diario progresista egipcio Al Destour (10).
Y dos preguntas: la primera, ¿por qué en la ciudad libanesa de Trípoli, de mayoría suní, se reanudan los enfrentamientos sectarios justo cuando se anuncia el intercambio de prisioneros entre Hizbulá e Israel?, la segunda, ¿por qué los suníes reeditan el enfrentamiento en una ciudad que está a pocos kilómetros del campo palestino de Narh al Bared, donde los islamistas suníes de Fatah al Islam prendieron una rebelión que permitió al Ejército libanés entrar -por primera vez, y aún mantiene el control sobre quien entra y quién sale al tiempo que saben quién hace qué- en un campo palestino?
- (1) Alberto Cruz, "La lección de Hizbulá" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=34516
- (2) Al Manar (Líbano), 2 de julio de 2008.
- (3) The Daily Star (Líbano), 10 de julio de 2008.
- (4) Al Manar, 10 de julio de 2008.
- (5) Informe del Secretario General sobre la aplicación de la resolución 1701 (2006) del Consejo de Seguridad. S/2007/147. 14 de marzo de 2007.
- (6) Informe del Secretario General sobre la aplicación de la resolución 1701 (2006) del Consejo de Seguridad. S/2008/425. 27 de junio de 2008.
- (7) Haaretz (Israel), 9 de julio de 2008.
- (8) Haaretz, 14 de julio de 2008 y Al Manar, 14 de julio de 2008.
- (9) Al Seyassah (Kuwait), 2 de julio de 2008.
- (10) Al Destour (Egipto), 13 de mayo de 2008.
Condolezza Rice tenía razón: nace un nuevo Oriente Medio

Alberto Cruz
El acuerdo de Doha para Líbano ha puesto de manifiesto una nueva reordenación del mapa en Oriente Medio. Tenía razón la Secretaria de Estado de EEUU, Condolezza Rice, cuando en plena guerra de Israel contra Líbano, en el verano de 2006, mientras la aviación israelí bombardeaba las zonas civiles del país árabe, especialmente los barrios shíies de Beirut y las ciudades del sur del país, justificaba la masacre afirmando que se estaba asistiendo "a los dolores del parto de un nuevo Oriente Medio". Lo que no soñaba la Rice es que con la victoria de Hizbulá sobre Israel ese nuevo Oriente Medio iba a ser diferente del diseño imperialista y que, poco a poco, se iba a ir distanciando de la tutela estadounidense y sus agentes en la zona: Arabia Saudí, Egipto y Jordania.
Al igual que está sucediendo en América Latina, en el mundo árabe hay un despertar. A la lucha de los iraquíes, palestinos y libaneses se suma la de los trabajadores egipcios y, en menor medida, pero también merece ser resaltado la de los jordanos en contra de las políticas neoliberales y fondomonetaristas de sus gobiernos. El parto del nuevo Oriente Medio, el de los pueblos.
En política exterior no hay verdades inmutables y quien es hoy un fiel aliado mañana puede verse convertido en un paria. Y al revés. Por lo tanto, si bien no se puede hablar de que la estrategia imperialista en Oriente Medio haya sido derrotada, sí se puede afirmar que está seriamente debilitada. El mérito inicial hay que atribuírselo a los patriotas iraquíes, que lograron una paralización de la reordenación geopolítica y neocolonial de la zona iniciada con la invasión y ocupación de Irak. Pero el golpe definitivo fue asestado con la derrota de Israel en la guerra del verano de 2006. Desde entonces, Hamás se ha hecho fuerte en Gaza y ahora en Líbano los vencedores son las organizaciones de la alianza patriótica y nacionalista que forman Hizbulá, el Movimiento Patriótico Libre, Amal y toda una pléyade de organizaciones de izquierda que forman parte de la resistencia.
Los EEUU y sus agentes en la zona, como Arabia Saudí, han intentado convertir Líbano en el espejo árabe en el que debían reflejarse el resto de países tras el fracaso de esta estrategia en Irak. En el mes de marzo, el embajador estadounidense en Beirut, Jeffrey Feltman, mostraba sin recato alguno su "disgusto por los continuos y descarados ataques contra las instituciones democráticas de Líbano por aquellos que buscan restaurar la toma de decisiones en Siria" [en referencia a las fuerzas patrióticas y nacionalistas, unánimemente calificadas como pro-sirias por la famosa "comunidad internacional" y sus medios de choque informativos]. El mismísimo George Bush ha venido insistiendo hasta la saciedad, y así lo ha repetido durante su última gira por la zona que vino a coincidir casi en el tiempo con la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados, que Líbano es un país en el que "las fuerzas que reciben apoyo de Irán y Siria deben ser enfrentadas y derrotadas". Ha sido justamente al revés. Las fuerzas prooccidentales, pro estadounidenses y pro saudíes han sido derrotadas en todos los terrenos, en el militar y en el político (1).
En el aspecto militar, tal y como recoge el diario libanés de izquierda As Safir, la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados ha tenido, además de un claro mensaje interno demostrando la fragilidad de las estructuras militares de las fuerzas prooccidentales que con tanto empeño estadounidenses, saudíes y jordanos intentban convertir en el contrapeso de Hizbulá, una vertiente externa: "ha recordado a americanos e israelíes que las aventuras militares tendrían funestas consecuencias" (2). Un hecho que se ha producido, y eso es digno de recordar, pocos días más tarde de que Bush visitase Oriente Medio y que para este diario ha significado "el último clavo en el ataúd en el que reposa el diseño americano en Oriente Medio" (3).
En el aspecto político, el hecho de que las fuerzas políticas libanesas hayan alcanzado un acuerdo en Doha para poner fin a la crisis pone de manifiesto que existe una clara voluntad de organizaciones políticas, e incluso de gobiernos, de desafiar, resistir y oponerse al diseño neocolonial y sectario que EEUU, Israel y los aliados reaccionarios árabes intentan imponer en la zona. El nacionalismo árabe, adormecido durante años, vuelve a despertar y ello atisba un nuevo diseño de Oriente Medio muy alejado de las pretensiones imperialistas.
El fin de la era saudí
El acuerdo al que han llegado las fuerzas prooccidentales libanesas y las patrióticas y nacionalistas ha supuesto una derrota de los intereses de EEUU y sus aliados en la zona, especialmente de Arabia Saudita. Ya durante la reunión de urgencia que celebró la Liga Árabe para tratar el tema, como consecuencia de la toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados, se produjo un desmarque significativo de las tesis saudíes -que consideraban único responsable a Hizbulá, abogaban por su desarme y pedían una condena expresa de la lucha armada- por parte de varios países árabes como Qatar, Yemen y Argelia.
Mientras la coalición prooccidental "14 de Marzo" insistía en que Hizbulá y sus aliados habían dado "un golpe de Estado", los saudíes, por boca de su ministro de Asuntos Exteriores, Saud al-Faisal, utilizaban el mismo lenguaje y añadían un nuevo elemento: la comparación entre la invasión por Israel de Beirut en 1982 y lo que estaba sucediendo entre los días 7 y 11 de mayo de este año. El saudí fue más allá de lo que nadie había ido hasta entonces: comparó al secretario general de Hizbulá con el ex primer ministro israelí Ariel Sharon. La coincidencia de argumentos tenía como finalidad crear el clima de opinión necesario para hacer aceptable el envío de fuerzas militares árabes a Líbano (4) ante la debacle de las fuerzas que apoyaban a la coalición que sustentaba al gobierno prooccidental dirigido por Fouad Siniora, rápidamente derrotadas y puestas en ridículo por los militantes de Hizbulá y sus aliados. Los prooccidentales y pro saudíes, de forma especial los representados por el clan Hariri, demostraron lo que realmente son: una impresionante potencia financiera conseguida al calor de la corrupción que conllevó la reconstrucción de Beirut tras la guerra civil pero desprovista de apoyo popular fuera de sus clanes partidarios.
Ante esta situación Qatar, un país que está adquiriendo un papel cada vez más relevante en Oriente Medio, contando con el apoyo de otros países árabes como los anteriormente mencionados logró neutralizar la escalada intervencionista proponiendo una reunión en su capital, para lo que logró el apoyo formal de la Liga Árabe.
No ha sido una reunión cualquiera, sino que ha sido un sutil y ambicioso toque de atención a las intenciones de Arabia Saudita de convertirse en potencia regional (con la aquiescencia de los EEUU). El acuerdo que ha puesto fin a la crisis libanesa se ha negociado en Doha, la capital, con los qataríes como principales mediadores. El texto del acuerdo comienza de la siguiente manera: "Bajo los auspicios del Emir de Qatar (...) y de los esfuerzos del secretario general de la Liga Árabe (...) y los ministros de Asuntos Exteriores de Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Argelia, Yibuti, Omán, Marruecos y Yemen (...)" (5). Obsérvese que no hay mención de dos países claves hasta ahora en Oriente Medio, Arabia Saudita y Egipto, y fieles aliados de EEUU, junto con Jordania aunque este país sí estuvo presente en Doha.
Arabia Saudita está herida en su orgullo y derrotada militar -las milicias de sus patrocinados se disolvieron como un azucarcillo en una taza de café ante el empuje de los militantes de Hizbulá y sus aliados- y políticamente. El Acuerdo de Taif de 1990, que puso fin a la guerra civil que durante 15 años ensangrentó Líbano -al margen de la ocupación israelí del sur del país, que terminó en el año 2000 como consecuencia de la guerra de desgaste impuesta por la resistencia liderada por Hizbulá- se alcanzó en esa ciudad saudita y ellos, los saudíes, han venido considerando desde entonces Líbano como un feudo logrando convertir este país en un rehén de su enfrentamiento con Irán. Si alguien debía supervisar lo que sucede en Líbano, tenían que ser ellos. Eso es algo que se ha roto ahora y que va a tener una repercusión importante en el futuro.
Ha sido sintomático que mientras la mayoría de los participantes en la conferencia de Doha retornasen a Beirut uno eligió un destino distinto: Riad. ¿Cuál fue el único dirigente libanés que no retornó a su país para explicar a sus bases el acuerdo? Pues Saad Hariri, el principal dirigente del Movimiento al Futuro (6). Hariri ha dejado claro que quien le mueve es el dinero saudita y que toda su actuación no es otra cosa que la prolongación de la estrategia saudita en Líbano. Tal vez sea el primer ministro del futuro, una vez se celebren las elecciones tal y como ha quedado reflejado en el acuerdo de Doha, de lo que se hablará más adelante, pero su actuación prosaudí queda maniatada y sin margen de maniobra.
La derrota de Arabia Saudita no llega sola. Con la finalidad de impedir, o dificultar la cumbre de Doha los EEUU, junto a Francia y Gran Bretaña, intentaron imponer una nueva resolución al Consejo de Seguridad de la ONU en contra de Hizbulá y su organización armada. Rusia, China, Sudáfrica y Libia se opusieron no solo aesa nueva resolución, sino a cualquier intento de modificación de las resoluciones 1559 (que trata sobre la retirada de las tropas sirias de Líbano y el desarme de Hizbulá y las organizaciones palestinas existentes en los campos de refugiados) y la 1701 (por la que se sancionó el cese el fuego entre Hizbulá e Israel tras la guerra del verano de 2006 y que, también, habla del desarme del movimiento político-militar libanés y los palestinos) como pretendieron los promotores de la fallida iniciativa tras constatar que no contaban con el plácet de estos países para una nueva resolución.
El Consejo de Seguridad ha tenido que contentarse con aprobar una "declaración no vinculante" (7) en la que se acoge con satisfacción el acuerdo de Doha y se recuerda que en anteriores resoluciones el CS de la ONU pedía el desmantelamiento y el desarme de todos los libaneses y las milicias extranjeras, término con el que se refiere a los palestinos de los campos de refugiados.
Los términos del acuerdo
El acuerdo de Doha mantiene la actual estructura de poder en Líbano: un cristiano maronita en la presidencia del país y en la jefatura del Ejército, un musulmán sunita como primer ministro y un musulmán shíi como presidente del Parlamento. Eso ha satisfecho a franceses y estadounidenses pese a que la evolución demográfica del país haya hecho de los shiíes la parte mayoritaria de la población, con un 40% del total de los casi 5 millones de habitantes del país. Aunque esa estructura de poder no se toca, hay una significativa variación que pone al descubierto con toda crudeza cómo los hasta ahora aliados en la coalición prooccidental se abandonan unos a otros para garantizar su parcela de poder.
El acuerdo recoge una nueva reformulación de los distritos electorales de Beirut, lo que aparentemente otorga una cierta ventaja a la fracción suní, prooccidental y prosaudí, que representa Saad Hariri y su Movimiento al Futuro. Eso hace que, muy posiblemente, este personaje se convierta en el próximo primer ministro. Sin embargo, la reordenación de los distritos electorales deja al descubierto un flanco importante: el voto cristiano.
Los cristianos están divididos, unos forman parte de la coalición "14 de Marzo", la que apoya al gobierno, y otros a la coalición "8 de Marzo", la que forma parte de la oposición patriótica y nacionalista. La reordenación de los distritos electorales perjudica a los cristianos aliados de Hariri y se sienten traicionados. De forma especial la formación que lidera Samir Geagea, las Fuerzas Libanesas, que con esta nueva formulación apenas conseguiría 2-3 escaños en las próximas elecciones. El bloque prooccidental comienza a hacer agua y eso lo sabe ya todo el mundo.
Las fuerzas patrióticas y nacionalistas son las claras vencedoras. Consiguen menos puestos en el gobierno, pero se garantizan una minoría de bloqueo que hará imposible cualquier medida que no cuente con su aprobación. No se va a discutir el tema de las armas de Hizbulá, lo que invalida cualquier pretensión occidental, amparada por las resoluciones de la ONU o no, de insistir en ese extremo (y aquí hay que reseñar que el nuevo presidente libanés, Michel Suleiman, haya dicho en su discurso de posesión que "es necesaria una fuerte estrategia de defensa para hacer frente a la agresión israelí" y que esta estrategia "debe utilizar las capacidades de la resistencia" (8).
Y, como ha dicho gráficamente en la sesión de investidura de Suleiman el presidente del parlamento libanés, Nabib Berri, "el plan de EEUU [en referencia a lo dicho por Condolezza Rice sobre el parto de un nuevo Oriemte Medio] no tiene cabida en ningún lugar de Oriente Medio" (9). Como dato clarificador de ello, la fecha elegida para nombrar a Suleiman nuevo presidente de Líbano ha sido el 25 de mayo. Ese día del año 2000 los soldados israelíes abandonaban el sur de Líbano empujados por una heroica resistencia patriótica liderada por Hizbulá. Ya sólo queda como territorio ocupado en Líbano las granjas de la Shebaa y las colinas de Kafar Shuba.
No es extraño, por tanto, que Israel sienta el hecho como una nueva derrota. Después de preguntarse, y al mundo que quién sería capaz de parar a Hizbulá cuando esta organización y sus aliados tomaron Beirut (10), ahora considera que el precio que se ha pagado a Hizbulá es demasiado alto: "el control a largo plazo, de facto, de Líbano" (11).
Notas:
- (1) Alberto Cruz, "Egipto y Líbano: dos huelgas, una estrategia y una realidad" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article128
- (2) As Safir, 22 de mayo de 2008.
- (3) Ibid.
- (4) Alberto Cruz, Cuatro días que estremecieron Oriente Medio" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article132
- (5) The Daily Star, 22 de mayo de 2008.
- (6) Ibid.
- (7) AFP, 24 de mayo de 2008.
- (8) The Daily Star, 26 de marzo de 2008.
- (9) Ibid.
- (10)Haaretz, 12 de mayo de 2008.
- (11)Haaretz, 26 de mayo de 2008.
Cuatro días que estremecieron Oriente Medio

Alberto Cruz
La toma de Beirut por los militantes de Hizbulá y sus aliados entre los días 7 y 11 de mayo abortó una operación político-militar contra las fuerzas patrióticas y nacionalistas libanesas patrocinada por los EEUU y Arabia Saudí y consistente en el debilitamiento y derrota definitiva de Hizbulá.
Desde la victoria de Hizbulá contra Israel en la guerra del verano de 2006, tanto la administración estadounidense como la monarquía saudí han venido impulsando una estrategia dual en contra de esta organización: por una parte, reducir el prestigio con que cuenta entre significados sectores de la población árabe, desde Marruecos hasta Irak y con independencia de la adscripción religiosa; por otra, desarmar su estructura militar.
La campaña de desprestigio contra Hizbulá se inició desde el mismo momento de la finalización de la guerra y se generalizó cuando esta organización y las fuerzas patrióticas y nacionalistas que la apoyan (cristianos marionitas, izquierdistas y laicos) iniciaron una campaña de desobediencia civil contra el gobierno de Siniora en noviembre de 2006. Con la renuncia de los cinco ministros que Hizbulá mantenía en el gobierno, a la que se añadió la de un cristiano maronita, el gobierno debería haber dimitido puesto que la constitución libanesa establece que cualquier decisión que se tome sin la presencia de todos los sectores, no es legítima. Sin embargo, el gobierno se enrocó, contando con el apoyo occidental y saudí. La decisión del gobierno de Siniora no fue autónoma, sino impuesta desde fuera: no se podía aceptar, bajo ningún concepto, un gobierno que estuviese influenciado por una organización que había derrotado a Israel y cuyo ejemplo es visto con simpatía por organizaciones como Hamás en Palestina. Eso "desestabilizaría" la región. Es decir, marcaría el camino para los pueblos, que comenzarían a liberarse del yugo de unos regímenes corruptos. Es lo que los expertos en Oriente Medio identifican como "el efecto Hizbulá" y que echa por tierra el diseño neocolonial pretendido por EEUU en esa zona del mundo.
Había, por lo tanto, que intensificar la campaña sectaria del tipo "aumenta la influencia shií en la zona", "Hizbulá es una marioneta iraní" -en este sentido hay que tener en cuenta la aparición de fenómenos como el de Fatah al Islam en el campo palestino de Narh al Baerd, situado cerca de Trípoli, donde desde hace tiempo el Movimiento al Futuro, al organización prosaudí que lidera Saad Hariri, cuenta con influencia- y, en consecuencia, comenzar a buscar un contrapoder armado a Hizbulá. Es así cuando hacen su aparición, en forma de contratistas de seguridad (empresa Secure Plus, por ejemplo), milicias suníes con las que hacer frente a "la expansión shií" y fuerzas policiales claramente vinculadas con el clan Hariri, que debe su fortuna a su estrecha alianza con los saudíes y, en concreto, al príncipe Bandar bin Sultan, hoy Consejero de Seguridad de Arabia Saudí (1).
Los enfrentamientos en Narh al Bared fueron vistos como una prueba piloto por parte del gobierno de Siniora para una futura confrontación con Hizbulá. Sin embargo, el intento no fructificó. Pese a la destrucción del campo, la lucha no trascendió de allí. Había, por lo tanto, que dar una nueva vuelta de tuerca y esa llegó con la denuncia, realizada por el druso Walid Jumblat, el más fiel representante de los intereses imperialistas y sionistas en Líbano, sobre la red de comunicaciones de Hizbulá y la exigencia de su desmantelamiento. Recogido el hecho por todos los medios occidentales, el gobierno Siniora se puso manos a la obra y decidió desmantelar la red y destituir, al mismo tiempo, al jefe de seguridad del aeropuerto por considerarlo próximo a Hizbulá.
Pero resulta que la existencia de esa red era conocida desde hace tiempo y es en lo que se sustentó el triunfo de Hizbulá contra Israel en la guerra del verano de 2006. ¿Por qué entonces el empecinamiento del gobierno en desmantelarla en estos momentos? En Beirut existe la certeza que existía un diseño por parte de Israel y EEUU, con la connivencia de algunos gobiernos árabes, de la realización de una operación militar contra Hizbulá, diseñada para el 25 de abril, que no fue finalmente puesta en marcha por esa red de telecomunicaciones y, de forma especial, por la existente en la pista 1-7 del aeropuerto internacional.
El día elegido para la operación coincidía con unas maniobras militares, "Turning Point 2", que Israel realizaba en la frontera con Líbano. Cuando fue asesinado Imad Mugniya en Damasco, considerado como uno de los principales comandantes militares de Hizbulá, fue considerado unánimemente como una provocación israelí para obligar a una respuesta de Hizbulá y desencadenar así una nueva guerra. Dado que Hizbulá decidió que respondería, pero eligiendo el dónde y el cuándo, había que provocar una nueva situación. Esa era la operación que finalmente se abortó al conocerse la existencia de la red de Hizbulá en el aeropuerto de Beirut. Por lo tanto, para que ese tipo de operaciones sean posibles en el futuro había que desmantelar ese sistema.
El semanario egipcio Al Ahram recoge gráficamente qué significaba esta medida: "Para la comunidad de inteligencia extranjera que opera en Oriente Medio, a menudo en colaboración con los regímenes aliados [se refiere a los árabes prooccidentales], no es ningún secreto que Israel tiene la capacidad tecnológica para supervisar y escuchar las telecomunicaciones de la región. La red de Hizbulá ha demostrado ser impenetrable y eso es una fuente de frustración tanto para los israelíes como para los EEUU. Por lo tanto, la alarma mostrada por Jumblatt y el gobierno de Siniora sobre la red de Hizbulá y el jefe de la seguridad del aeropuerto internacional de Beirut sólo puede ser interpretada dentro del contexto de la escalada de EEUU-Israel contra Siria-Irán. Una potencial acción militar contra Irán o Siria requeriría la neutralización, si no la destrucción, de Hizbulá. En el caso de que el primer ministro Siniora hubiese tenido éxito con la red de telecomunicaciones de Hizbulá, incluso con la colaboración del ejército libanés, no sería difícil de adivinar dónde habrían terminado los códigos y manuales de funcionamiento 48 horas más tarde" (2).
Era, claramente, una declaración de guerra, como dijo el secretario general de Hizbulá, Hasán Nasralá. Tanto Jumblat, como Siniora o Hariri eran conscientes de lo que pedían y su pretensión era que el Ejército hiciese lo que no hizo cuando los islamistas se alzaron en Narh al Bared: la guerra total con Hizbulá. En ese escenario, la FINUL se habría visto "obligada" a intervenir en apoyo del ejército libanés, aplicando la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU. Pero Hizbulá les mostró que habían cometido un enorme error de cálculo. Y lo hizo sólo en cuatro días.
La toma de Beirut fue una magistral operación político-militar y una demostración de la frialdad de una organización que sabe graduar a la perfección sus golpes, como puso de manifiesto el hecho de que no quisiese tomar ni la sede del gobierno ni las residencias de los principales dirigentes prooccidentales y que fuese entregando al Ejército las zonas que había tomado bajo su control. El Ejército no es su objetivo. Tampoco el enfrentamiento sectario, en contra del manido discurso embrutecedor y alienante de los medios de comunicación occidentales y árabes alineados con sus regímenes reaccionarios. Y algo más preocupante aún para los sostenedores de un gobierno que hace aguas por todas partes: las milicias que habían creado para "protegerse" de los shíies se deshicieron como un azucarillo en una taza de café. 60 millones de dólares tirados a la basura y tres años de trabajo de servicios secretos occidentales y algunos estados árabes (saudíes y jordanos, especialmente) no han servido para nada (3).
La calle árabe
La calle árabe no vio en ningún caso un retorno a la guerra civil, del que hablaban las agencias occidentales, ni un enfrentamiento suníes-shíies del que hablaban los medios oficiales de los regímenes prooccidentales árabes. Encuestas recientes indican que el 63% de la población libanesa considera que el gobierno de Siniora es el responsable de lo ocurrido (4). En Egipto, Nasralá, sigue siendo visto como un referente para el mundo árabe (5) y el líder supremo de los Hermanos Musulmanes (suníes), Mohamed Mahdi Akef, ha dicho públicamente que "la resistencia libanesa es el único grupo que determina lo que es bueno para el país [Líbano] al tiempo que se enfrenta a la entente sinoista-EEUU". En Jordania -donde la monarquía está entrenando mercenarios de ese ejército privado de Hariri- tanto los islamistas suníes como un reputado grupo de 60 intelectuales, musulmanes y laicos, han apoyado públicamente a Hizbulá (6). La percepción en la calle árabe no es la misma que la de sus gobiernos y el prestigio de Hizbulá sigue prácticamente intacto (7). No obstante, sí que hay que reconocer que en algunos sectores ortodoxos suníes la imagen de Hizbulá ya no es la misma, al tiempo que hay quien sigue alentando la formación de milicias suníes como "resistencia islámica frente a Irán y sus apoderados en Líbano" (8).
El estado de opinión de la calle está empezando a calar en los gobiernos árabes. En la reunión de urgencia convocada por la Liga Árabe, además de un enfrentamiento entre Siria y Arabia Saudí, se constató un desmarque significativo de las tesis saudíes de países como Qatar, Yemen y Argelia. Ya sólo queda como núcleo duro el compuesto por Arabia Saudí-Egipto-Jordania. Esta tríada de gobiernos prooccidentales es la única que mantiene el manido discurso de la interferencia iraní en la zona y la que aún sigue abogando por una estrategia de contención a la "expansión shíi".
La debilidad de la tríada, y de sus mentores estadounidenses, es total. Si es evidente la derrota del gobierno libanés, obligado a dejar sin efecto el desmantelamiento de la red de telecomunicaciones de Hizbulá y la separación del cargo del jefe de la seguridad aeroportuaria, no lo es menos la derrota de la estrategia saudí. Quien había convertido a Líbano en un rehén de su enfrentamiento con Irán está ahora en una situación de mayor debilidad y sin capacidad de maniobra.
Esta es la razón por la que el rey saudí, Abdulá, ha desautorizado a su ministro de Exteriores cuando éste calificó lo ocurrido esos cuatro días como "golpe" e hizo un llamamiento a los países de Oriente Medio para que se abstuviesen de atizar las "tensiones sectarias" en Líbano.
Aunque todo el mundo está obligado a ceder, quien más tiene que hacerlo es el gobierno y sus mentores, aceptando al general Michel Suleiman como nuevo presidente, la formación de un gobierno de unidad nacional y, lo más importante, la revisión de la ley electoral antes de la celebración de las elecciones parlamentarias el año que viene. Eso implica la reforma de los Acuerdos de Taif de 1990 y el fin del sectarismo, herencia del colonialismo francés. Las conversaciones que se están manteniendo en Doha, la capital qatarí, no fructificarán si se sigue insistiendo en el desarme de Hizbulá mientras se mantenga la ocupación de las granjas de la Shebaa y no se reforme el sistema constitucional libanés.
Notas:
- (1) Alberto Cruz: "La nueva estrategia de EEUU en Líbano: la guerra secreta contra Hizbulá" http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article31
•(2) Al Ahram (Egipto), 15-21 de mayo de 2008.
•(3) The Angeles Times, 12 de mayo de 2008.
•(4) Asia Times, 13 de mayo de 2008.
•(5) Al Destour (Egipto), 13 de mayo de 2008
•(6) Al Manar, 14 de mayo de 2008
•(7) Asia Times, 16 de mayo de 2008.
•(8) Khaled Al-Dhaher, ex parlamentario libanés, en entrevista a la LBC TV el 12 de mayo de 2008.
Is it Lebanon or Rwanda?!! (Details of The Halba Massacre)
I've been trying to sum up the word to write this post for over an hour now, and honestly...no words can sum up what happened yesterday and all the events that followed in Halba, Akkar.
On friday night, mosques across Akkar, called for demonstrations in Halba. At the time, i was with a bunch of friends from different political parties(pro-government and opposition). Everybody present knew what was going to happen at that demonstration. They all knew because it had happened before.
Almost a year ago, Future movement called for a demonstration that soon turned into an attack on the SSNP headquarters in Halba, the result was 5 FMers (Hariri Militia ) injured and the attack was repelled.
( Huh, on that day, i was arrested for several hours on suspicion that i was between the SSNPers that fired machine guns, even though i wasnt even in the same area at the time of the clash, a fact that the police knew, since I WAS THEM all day long taking pictures of the demonstrations and i even arrived with them to the scene)
Well, what everybody speculated happened. The demonstration was suppose to take place at 10 AM, people from my area told me that they were going to torch down the HQ. Soon, news arrived that the demonstration was postponed till 11, and at around 10:30, clashes began.
To put things into perspective, i'm pro-opposition in the middle of a pro-government area. Even though most of them are friends and family, paranoia hit me when i learned that people very close to me where taking part in the clashes and even leading the attack. That meant one thing, we were next. Automatically that SSNP HQ, became our last line of defense. I know this might seem strange, but that's exactly how we felt. All roads coming from the south(Tripolis) was cut by the army and pro-SSNP members sat-up a blockade and captured over 50 fully armed FMrs , coming from Brkayel and Bibnin, sent by none-other then the Mufty(highest Muslim cleric in akkar) himself. The FMers (Hariri Militia ) were stripped from their guns and sent back. Somebody told us that reinforcement were coming from koura(SSNP stronghold), but it was stopped by the army.
Negotiations began to put an end to the fighting, and the attackers demanded that the SSNP evacuates the HQ and hands it over to them. SSNP fighters rejected the offer, and the fighting continued as both sides used machine guns, B-7s, stingers(WHERE THE FUCK DID THEY GET THAT????) and mortars (the home of a journalist i knew was hit with two successive mortar shells with his kids inside the house, we caught with him later). At 4:30 PM, SSNP fighters ran out of ammo as FMers ( Hariri Militia ) moved in and threw a burning Truck tire into the HQ. At this point, a shaikh intervened and asked the SSNP fighter to hand over the office to the army, the fighters agreed after the shaikh guaranteed their security. Army soldiers took over the office and we all thought that this was it. It wasn't. FMers ( Hariri Militia ) stormed the office and as the army watched, lined up the SSNP fighters on a wall and executed them at point blank range. They executed the fighters after they surrendered. That wasn't all, FMrs brought axes and started hammering down at bodies, cutting every limb. All of this happened while the army was watching.
At around 5:00 PM, the door bell rings. Its a distant relative of mine(who's an FMer btw), he came to tell us that he was just in halba and witnessed the atrocities that was being committed. He came to urge us to leave the country immediately because they were coming to us next. We stayed a while trying to figure out, witch road to take, as news came that FMers ( Hariri Militia ) are setting checkpoints everywhere, asking for IDs and checking the trunks. We decided on a road and quickly headed towards the borders. I'm writing this now, from a net cafe in Syria.
The massacre did not end at the SSNP HQ, FMers ( Hariri Militia ) are attacking the houses of all the known pro-opposition people in Akkar, 2 people died in Tikrit yesterday and they also killed three injured fighters(from the HQ clash) inside hospitals, one of them was taken from the hospital, locked inside a car and the car was torched down with him burning inside.
I have a list of all the dead and injured that i will post later on. Mistakes were made from both sides, but nothing at all justifies any of this.
Here's a list of all the people that were executed and killed inside the SSNP HQ in Halba:
Fadi Al-Sheikh - executed
Ahmad Naaous - died in the clash
Zafer Hmouda - executed
Mikhayel Slayman - Injured in the clash, executed on site by smashing a rock on his head
Ahmad Khaled - executed
Mahmoud Darwish - executed
Sakir Diab - executed
Mohamad Ghanem - executed
Nasser Hmouda - Injured in the clash, executed by locking him in a car and buring it
Mohamad Al Sheish - executed
Sakir Dieb - executed
Mahmoud Al Turk - executed
Zafer Abu Jeij - executed
List of the Injured:
Adnan Hmouda
Haissam Hmouda
Imad Shidrawi
Tawfik Fiad
Imad Moussa
Eiied Wrak
Walid Batikh
Names of the attackers from Halba (not complete, there's also people from Inbar, Mishmish and other areas):
ظ„ط§ط¦طط© ط§ط³ظ...ط§ط، ظ...ظ‡ط§ط¬ظ...ظٹ
ظ...ظ†ظپط°ظٹط© ط§ظ„طط²ط¨ ط§ظ„ط³ظˆط±ظٹ
ط§ظ„ظ‚ظˆظ...ظٹ ط§ظ„ط§ط¬طھظ...ط§ط¹ظٹ ظپظٹ
ط¹ظƒط§ط±:
List removed for security reasons
M.Z was the main leader on the ground, he moved the weapons two days before the attack in a blue Volkswagen and a Honda Accord.
The army moved the remains to the governmental hospital in Tripolis, and is refusing to hand it over to the parents.
FMers ( Hariri Militia ) are holding two SSNP members hostages in Rahal hospital and is refusing to let them go.
The father of Mikhayel Slayman, Mr. Habib Slayman a +70 old teacher was taking hostage yesterday before the attack by people wearing uniforms, people who saw him cuffed and blindfolded thought that he was taking by army intelligence, but it turned out to be a gang of FMers ( Hariri Militia ), he was later released after the clashes to find out that his son was executed.
Khaled Khlayel, brother of Mahdi Khlayel a cadre of the Lebanese Communist party was attacked by the Future Movements beaten with his wife and had his house sacked and looted before it was burned down.
A gas station next to the SSNP HQ was also attacked, looted and torched, the gaz silos exploded later on. A witness told me that the FM fighters sent a little kid inside the station with bag. He came back with the bag filled on his back as the fighters secured his passage to a pick-up truck that quickly fled the scene right before attacking the station.
The rest of my family arrived a couple hours ago and everybody is safe, FMers (Hariri Militia ) sat-up a blockade in front of my uncles house and pointed their weapons to the balconies.
http://darkoysm.wordpress.com/
one notices: the images are very hard
VIDEO
1
http://www.youtube.com/watch?v=YHADOV24BV8
2
http://www.youtube.com/watch?v=p-eAjQYae5w
3
http://www.youtube.com/watch?v=cX2MRY9jg2g
Or all... Lubnan M'muallaa (Líbano esta ardiendo)...

Mª Cristina Portales Carrandi
"El Líbano esta ardiendo" es la frase popular mas escuchada desde hace mas de cinco días.
La crisis interna que sufre el país hoy y el fracaso del Gobierno Libanes en su constante insistencia en desactivar al Partido de Dios (Hezballah), como factor esencial para cumplir el plan de la Administración Norteamericana en Líbano paso fundamental para el posterior control de la zona en su llamado programa el Nuevo Oriente Medio, le llevaron a la aprobación de la decisión del 5 de Mayo que define como aspectos fundamentales:
. Eliminar el sistema o red de comunicación de Hezballah considerándolo como ilegal, así como juzgar a los fundadores y protectores del mismo.
. Trasladar de su puesto al Capitán Wafiq Shiqer, Jefe de la seguridad del Aeropuerto Internacional de Beirut, acusado por el Gobierno Libanes de servir de espía para el Partido de Dios (Hezballah) al ordenar colocar ..."una cámara de vigilancia que pertenece y emite directamente para Hezballah (según el Gobierno Libanes)"... en la zona de aterrizaje de los aviones privados en dicho aeropuerto.
Hezballah, considera sus medios de comunicación como el escudo de la resistencia, reconocido incluso por Israel después del fracaso de la invasión de Junio del 2006 como el arma mas potente de la guerrilla de Hezballah. De aquí que, en su declaración ante la prensa el 8 de Mayo, el secretario general del Partido de Dios el seied Hasan NasserAllah asegura que ..."las armas de la resistencia libanesa no se usaran mas que en contra de Israel y los Estados Unidos"... y aclara que..."los medios de comunicación de Hezballah son un arma muy potente a favor de la resistencia libanesa, de aquí que quien intente quitarle las armas a la resistencia será enfrentado con las armas de la resistencia"...; ..."trasladando al Capitán Wafiq Shiqer de su puesto de Jefe de la seguridad del Aeropuerto Internacional de Beirut significa que el Gobierno Libanes planea poner en su lugar a un títere a los servicios secretos de la CIA y el FBI convirtiendo el Aeropuerto de Beirut en una base militar a los servicios de Israel y la Administración Norteamericana"...
Reacción en Líbano.
El día 6 de Mayo el Sindicato de Trabajadores Libaneses convoca a la manifestación en Beirut y paro general en Líbano por la crisis económica y el alza de los precios que alcanza ya el 65%. La manifestación fracasa ante los chantajes y amenazas del Movimiento del Futuro (Mustaqbal) y el rechazo del Ministerio del Interior y Seguridad a la solicitud del Sindicato de proteger a los manifestantes.
El día 7 de Mayo la Oposición Nacional Libanesa cierra la autopista, carreteras principales y caminos secundarios dejando la capital libanesa, Beirut, incomunicada; y rodea el aeropuerto y el puerto de Beirut trayendo como consecuencia el cierre de los mismos a las 9:00 horas del día 8 de Mayo y se mantiene.
El día 8 de Mayo comienzan los enfrentamientos armados en diferentes zonas de Beirut, entre las milicias del Mustaqbal y la oposición; y en horas tempanas de la tarde el ejercito libanes decide retirar sus equipos militares de las zonas de conflicto sin tomar posición con una u otra parte.
En la noche, la oposición comienza a tomar los locales de las milicias del Mustaqbal en Beirut y los entrega al ejercito libanes. En pocas horas de la primera noche la oposición toma toda Beirut y rodea a la zona llamada El-Tariq El-Jadida (El Camino Nuevo), zona de mayor poder de los armados del Mustaqbal,
El día 9 de Mayo se rinde El-Tariq El-Jadida bajo acuerdo entre el Mustaqbal y el ejercito libanes. Se extienden los conflictos armados a las aldeas al sur de Beirut entre el partido Nacional Libanes y los armados del Mustaqbal, el cual se termina con la entrega de los locales del Mustaqbal al ejercito libanes.
Los enfrentamientos se extienden a Saida, Tiro, Trípili y otras zonas al norte libanes y la Montaña de Líbano.
Se comienza a hablar de un golpe de estado por parte del ejercito libanes y los países árabes comienzan a presionar al Gobierno para que se retire con honor. En llamada personal a Seniora, la Administración norteamericana confirma su total apoyo al Gobierno Libanes.
El día 10 de Mayo el Gobierno Libanes decide, en declaración oficial ante la prensa ..."poner en manos del ejercito libanes el destino sobre la decisión (tomada el pasado día 5 de Mayo)"...
Diez minutos después el ejercito responde al Gobierno:
. Dejar en su puesto de Jefe de la seguridad del Aeropuerto Internacional de Beirut, el Capitán Wafiq Shiqer.
. Tratar el sistema o red de comunicación de Hezballah de manera que no afecte a la resistencia libanesa, ni al Partido de Dios.
El ejercito exige al Gobierno Libanes:
. Eliminar la decisión del 5 de Mayo.
La respuesta del ejercito libanes provoco:
. La agresividad y acciones criminales de la milicias del Movimiento Futuro en Trípoli y otras zonas al norte del país a pesar de que su líder Saed Hariri y sus aleados aceptan la decisión del ejercito.
. La decisión de la Oposición Nacional Libanesa de retirar a sus armados de las calles, entregando la seguridad de la capital, Beirut, al ejercito libanes, pero manteniendo la rebeldía civil hasta lograr los objetivos políticos.
10 de Mayo 2008
20:30 horas de Líbano
Líbano, una guerra fría cada vez más caliente
Alberto Cruz
"Líbano, un pequeño país que tal vez esté llamado a jugar un gran papel en el futuro no ya de Oriente Medio, sino de todo el mundo árabe". Con esta frase me despedían amigos en el aeropuerto de Beirut hace algo más de un año. La capital comenzaba a reponerse de los bombardeos israelíes contra los barrios shiíes y había sido testigo de una de las escenas que mejor pueden ayudar a comprender qué está pasando en la actualidad. En Madrid, capital del Estado español, hay dos localidades -Alcobendas y San Sebastián de los Reyes- separadas por una calle. Supongo que algo parecido ocurrirá en otras megaciudades que, como consecuencia del desarrollo y especulación urbanística, han ido expandiéndose hasta hacer obsoletos los límites municipales. En Beirut ocurre algo similar, sólo que allí una calle es la frontera que separa los barrios cristianos de los musulmanes.
Es el caso del barrio cristiano-maronita de Ain Al-Rumaneh y del barrio shií de Shayyah. Aquí se escribieron unas de las más sangrientas líneas de la guerra civil libanesa. Son barrios donde predomina la clase media-baja, en el caso cristiano, y la clase baja, rozando la pobreza, en el shíi. Según los datos de la Central General de Trabajadores de Líbano el 54% de la población libanesa roza el umbral de la pobreza. El gobierno, como es lógico, rebaja sensiblemente esta cifra y habla de un 31%. Una cifra impresionante, en cualquier caso. Sin embargo, lo que no puede negar el gobierno es que el poder adquisitivo de los libaneses se redujo el 15% durante el año 2007 (1). Y es esta situación, con una clase media empobreciéndose progresivamente y una clase baja que no sale de la miseria donde se ha producido el acercamiento, incluso la comprensión mutua prescindiendo del tan manido enfrentamiento religioso.
A primeros de 2006 se produjo un hecho inimaginable en la situación política libanesa: el acuerdo entre el Movimiento Patriótico Libre (cristiano) y Hizbulá (shií). Simbólicamente, el acuerdo se firmó en la calle que separa Ain Al-Rumaneh y Shayaah. Dos años después, el 6 de febrero de 2008, sus protagonistas, Michel Aoun y Hassan Nasralá, respectivamente, han vuelto a escenificar el acuerdo en el mismo sitio y refrendando la vigencia de lo firmado hace dos años. Un acuerdo que va más allá del ámbito político entre dos formaciones que están en muchos aspectos casi en las antípodas pero que se han puesto de acuerdo en un programa de mínimos y que, también, se puso de manifiesto durante la guerra contra Israel del verano de 2006. Muchos vecinos cristianos de Ain Al-Rumaneh, militantes del Movimiento Patriótico Libre, abrieron sus casas a las familias vinculadas a Hizbulá del barrio de Shayyah para que pudiesen huir de los bombardeos israelíes de las zonas shiíes.
Este vínculo se mantiene hoy. La alianza entre el MPL y Hizbulá es mucho más fuerte de lo que algunos creen y es lo que hace que la situación política libanesa adquiera una relevancia que trasciende el ámbito local para convertirse en un referente para la zona, incluso para todo el mundo árabe.
La decadencia económica
En Líbano hay que comenzar a hablar de un conflicto de clase. Tal vez pueda pensarse que es un concepto arriesgado, pero la revuelta popular que se produjo en enero de 2007 en contra de la política económica del gobierno neoliberal y fondomonetarista de Fouad Siniora (2) puso sobre la mesa un nuevo elemento que no suele aparecer en los análisis que se publican sobre la situación libanesa: el progresivo empobrecimiento de la enorme mayoría de la población a mayor gloria de la élite cristiana y suní. Como en otras partes del mundo, la brecha entre ricos y pobres en Líbano se agranda cada día.
Según datos de la revista Euromoney Líbano ocupa en estos momentos el puesto 127 (de un total de 185) en la categoría de riesgo-país. A posición más baja, mayor riesgo para el capital internacional. Además, otra calificación negativa sobre el país ha venido de firmas como Moody's y Standard & Poor's, lo que complica los intentos del gobierno de Siniora de obtener préstamos en los mercados internacionales a bajo interés. Y, por si todo ello fuese poco, Líbano ocupa el puesto 16 de entre los 19 países árabes (3). Estas cifras ponen de manifiesto el fracaso de cumbres megalómanas como las de la famosa Conferencia de Donantes celebrada en enero de 2007 en París (que se conoce como París III) y en la que supuestamente se ofrecieron 5.850 millones de dólares para revitalizar la economía del país.
Los datos anteriores expresan lo que es la cotidianeidad del ciudadano libanés: el costo de la vida ha llegado a su máximo histórico con las subidas de los productos básicos (pan, leche, arroz, azúcar, carne). El país se derrumba en medio de una deuda externa de 42.000 millones de dólares y por la situación de debilidad del dólar y la alarmante subida de los precios del petróleo, lo que hace que la proletarización de la mayoría de los habitantes de Líbano esté a la vuelta de la esquina. Por lo tanto, no es descartable a medio plazo una nueva revuelta popular por la situación económica. Y si esa revuelta se produce, ya no será sólo una revuelta, más o menos pacífica, más o menos violenta, sino una guerra civil que ya no será sólo entre los pro-occidentales de la coalición "14 de Marzo" y la oposición representada en la coalición "8 de Marzo", sino entre clases.
De hecho, la CGT ha comenzado a exigir un incremento del salario mínimo hasta las 950.000 libras libanesas (en la actualidad es de 300.000 libras libanesas, unos 192 euros), lo que implica una petición de subida que triplica el salario mínimo actual, que se mantiene inalterable desde 1996. Y la CGT, que cuenta con 350.000 afiliados y suma el apoyo de las fuerzas del "8 de Marzo", ha amenazado con una nueva etapa de protestas y huelgas si sus demandas no son atendidas (4) no sólo en el aspecto económico, sino social. La CGT se opone a la privatización de los servicios públicos que pretende Siniora (entre las que están la compañía nacional de electricidad, Electricite du Liban; la compañía aérea MEA, la gerencia del aeropuerto internacional Rafiq Hariri de Beirut, y los sistemas de agua y depuración de aguas residuales, entre otras cuestiones) y reclama la inmediata mejora de las prestaciones médicas y sociales.
Mientras el gobierno se enroca, amparado por sus aliados occidentales y árabes, los empresarios, conscientes de la gravedad de la situación, han dado el primer paso y ofrecen aumentar el salario mínimo hasta 375.000 libras libanesas (243 euros), muy lejos de lo que piden los sindicatos pero lo que supone un movimiento significativo que parece marcar el camino a un gobierno paralizado. Los empresarios ven las orejas al lobo y quieren si no parar, al menos retardar la explosión social que se avecina.
Y es que, efectivamente, la situación es explosiva. Hay barrios concretos de Beirut que sólo tienen energía eléctrica 6 horas al día. Aunque casi todos los barrios, con independencia de si son cristianos, suníes o shiíes sufren cortes de electricidad, son los barrios shiíes los más afectados y es aquí donde las familias más humildes no pueden correr el lujo de pagarse un generador diesel para tener luz eléctrica. Por el contrario, los barrios lujosos del centro de Beirut cuentan con electricidad 20 horas al día. Y la situación en el resto del país no es diferente. Por ejemplo, en el valle de la Bekaa -feudo tradicional de Hizbulá- el corte de electricidad se produce sistemáticamente a partir de las 6 de la tarde. Esto ya ha provocado una pequeña revuelta el 27 de enero que fue reprimida por el ejército, causando varios muertos, en un incidente que está siendo investigado y por el que están detenidos varios soldados y oficiales del ejército libanés.
Ya colectivos de trabajadores concretos, como los taxistas, han realizado acciones de bloqueo de carreteras en protesta por el aumento del precio del combustible. No obstante, esta protesta de taxistas no fue seguida en el barrio suní de Hamra, lo que indica una posible división dentro de los trabajadores en función de su adscripción político-religiosa. Y más recientemente, el día 17 de marzo, los trabajadores de la compañía aérea MEA realizaron una sentada en el aeropuerto internacional de Beirut en protesta por los planes de privatización (5).
La flota de EEUU, la OTAN y la FINUL
Es en este marco en el que hay que ver la presencia de la flota estadounidense que, encabezada por el portaaviones USS Cole, se ha posicionado en aguas internacionales pero enfrente de Beirut. No es sólo un aviso a Siria, como han interpretado algunos, ni un intento de desviar la atención de la represión israelí sobre Gaza, como han dicho otros, sino un claro intento de intervenir en los asuntos internos libaneses, un claro reforzamiento por las armas del gobierno neoliberal de Siniora y un amedrentamiento evidente, con amenaza de intervención militar, de las fuerzas populares y patrióticas que se oponen a las políticas del gobierno. En especial, es una amenaza directa contra Hizbulá después que el secretario general de este movimiento político-militar declarase en los funerales por el asesinado Imad Mughniye que si Israel quería una guerra abierta, la habría.
Como ha dicho Thierry Meissan recientemente (6) los navíos estadounidenses presentes en la zona, así como las unidades encargadas de reabastecerlos de combustible, pertenecen a la 6ª Flota de Estados Unidos, o sea la flota de la OTAN en el Mediterráneo. Y las unidades navales de la FINUL también son de las que forman parte de la OTAN. Un despliegue sutil que tiene como objetivo final asentarse en Líbano (y ahí está el proyecto de creación de una base militar en Kleilat, al norte del país y muy cerca del campamento palestino de Narh al Bared) y "proteger a Israel de un Hizbulá victorioso y amenazante" porque EEUU es consciente "que la correlación de fuerzas se ha invertido en el Medio Oriente: el ejército israelí, que hasta hace poco parecía invencible, fracasó en el Líbano en 2006 y acaba de fracasar nuevamente en Gaza en 2008".
Resulta sorprendente observar cuál ha sido la actitud de las fuerzas que apoyan al gobierno de Siniora. Ni una sola palabra de crítica o reproche ante el envío de las fuerzas navales y, lo más importante, en un documento hecho público coincidiendo con la fecha del 14 de marzo, nombre que adoptaron como coalición como recordatorio de las manifestaciones que se produjeron en 2005 para pedir la salida del país de las tropas sirias, no aparece ni una sola mención al hecho ni a la responsabilidad de Israel en la guerra del verano de 2006 ni la secuela de destrucción y avalancha de refugiados que conllevó. Tampoco se menciona la ocupación por este país de las granjas de la Shebaa, a pesar de que el gobierno de Siniora, apoyado por las fuerzas del "14 de Marzo", las incluyó en el documento de 7 puntos que entregó a la ONU durante la guerra como condición para aceptar el alto el fuego, (7) y que ha sido ratificado por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en su último informe sobre Líbano (8) donde, como de costumbre, vuelve a inclinar la balanza del lado israelí y cargando contra Hizbulá y las organizaciones palestinas Frente Popular para la Liberación de Palestina-Comando General y Fatah al-Intifada por su negativa a desarmarse.
Precisamente en las cercanías de las granjas de la Shebaa las tropas de la FINUL han realizado un ejercicio militar la semana del 3 al 9 de marzo. Las maniobras, calificadas como "entrenamiento", se realizaron en las áreas de extensión de Aarqoub y la zona fue elegida "para proporcionar a las fuerzas [de la FINUL] familiaridad con el terreno como preparación de cualquier contingencia en la evolución de la seguridad a lo largo de la frontera israelí" (9). Cabe recordar que esto no es frontera israelí, sino un territorio ocupado que Líbano reclama como propio.
Al mismo tiempo, y continuando con la cita del periódico, el contingente francés hizo lo mismo en otras zonas del sur como Abbasiyeh, Mari, Ain, Wazzani y las colinas Hamames. No es la primera vez que los franceses hacen algo similar: ya en el mes de agosto de 2007 realizaron ejercicios similares en el pueblo de Tiri, cerca de la frontera israelí. Se trataba de "interceptar a un enemigo que procuraba cruzar la Línea Azul [frontera entre Líbano e Israel] y asaltar las áreas bajo la protección de la FINUL". En ese ejercicio militar se utilizaron tanques Leclerc y terminó "con la detención de docenas de terroristas". Según el coronel Chaptal, al mando del ejercicio, el término enemigo se refería a "cualquier persona que [en el sur del Líbano] amenazase u obstruyese la puesta en práctica de la resolución 1701 del CS de la ONU (10).
La situación libanesa es de una gran fragilidad, pero por el momento las fuerzas opositoras están actuando con una gran frialdad y cabeza. Mientras las formaciones que apoyan al gobierno de Siniora cifran todas sus esperanzas en la intervención de EEUU - "EEUU garantiza al 100% la independencia de Líbano", ha dicho el dirigente de la organización Fuerzas Libanesas Samir Geagea (11)- la oposición mantiene sus pretensiones de un gobierno de unidad nacional que elabore una nueva ley electoral basada en la representación proporcional; un estado secular y democrático; lucha decidida contra la corrupción y el soborno; coexistencia pacífica para eliminar el sectarismo, y condena de los asesinatos políticos, entre otras.
Hay que recordar que la votación para elegir un nuevo presidente se ha pospuesto ya en 16 ocasiones y que el cargo está vacante desde noviembre. El candidato de consenso es el actual jefe del Ejército, Michel Suleiman, un hombre que no es del todo del agrado de EEUU. Suleiman es aceptado por las fuerzas de la oposición siempre que junto a su nombramiento se produzca una renovación del gabinete de forma equitativa entre las fuerzas del 14 de Marzo y las del 8 de Marzo, algo a lo que se opone Siniora. El primer ministro y sus partidarios han amenazado con nombrar un candidato propio por mayoría parlamentaria simple (en contra de lo que dice la Constitución), nombramiento que sería apoyado por EEUU y algunos estados árabes como Arabia Saudí.
La última propuesta para salir de una situación estancada, que se va calentando cada día, fue rechazada por Siniora. Consistía en una paridad de ministros, 10 por cada fracción -del "14 de Marzo" y del "8 de Marzo"-. Ahora se comienza a saber cuál es la razón: los EEUU están presionando a shíies pretendidamente independientes para que acepten formar parte del gobierno de Siniora (12). Según la constitución, no puede haber un gobierno legítimo si una de las confesiones religiosas no está representada en el gobierno, y ahora no hay shíies en el mismo después de la renuncia de los ministros de Hizbulá. Una "clara provocación", como lo ha calificado el dirigente cristiano Michel Aoun, y una nueva muestra de la injerencia occidental en Líbano.
La presencia de EEUU, de la OTAN y las maniobras de la FINUL son elementos que se mueven todos en la misma dirección: prepararse para una nueva guerra en la que el objetivo será la derrota total de las fuerzas opositoras y, especialmente, de Hizbulá como factor político y militar no ya de Líbano, sino de Oriente Medio.
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- (1) The Daily Star, 12 de marzo de 2008.
- (2) Alberto Cruz, "La revuelta popular libanesa contra el neoliberalismo" http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45681
- (3) The Daily Star, 12 de marzo de 2008.
- (4) The Daily Star, 15 de marzo de 2008.
- (5) The Daily Star, 18 de marzo de 2008.
- (6) Voltairenet, 10 de marzo de 2008.
- (7) Ya Libnan, 14 de marzo de 2008.
- (8) Punto 57 del Informe del Secretario General sobre la aplicación de la resolución 1701 (2006) del Consejo de Seguridad. S/2008/135. 28 de febrero de 2008.
- (9) The Daily Star, 13 de marzo de 2008.
- (10) Alberto Cruz, "La ONU en Líbano: el cementerio del elefante" http://www.nodo50.org/ceprid/territorios/mo/mo27.htm
- (11) Ya Libnan, 18 de marzo de 2008.
- (12) The Daily Star, 19 de marzo de 2008.
Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor especializado en Relaciones Internacionales.
albercruz@eresmas.com
